EL RINCÓN
Extensiones del miedo
EL MIEDO ha salvado muchas vidas, hay que reconocerlo, pero también hay que preguntarse si vale la pena vivir en estado de máxima alerta, con el ánimo angustiado, pensando que sea lo que Alá quiera, que nunca será nada bueno. Un viento de pavor recorre Europa, aunque en algunos lugares sopla con más fuerza que en otros. El temor a nuevos atentados islamistas se extiende y en algunos países se consideran inevitable. Lo único que no saben es en qué momento se prod ucirán y la zozobra impregna la vida cotidiana. Esta turbación de los sentidos quizá hace ver fantasmas, pero hace mucho tiempo que se sabe que los fantasmas existen. Incluso sabemos que cuando se cabrean se pisan las sábanas. En opinión de Cervantes, que demostró su valor en la guerra y en la paz, el miedo tiene muchos ojos y «puede ver muchas cosas enterradas», pero en esta coyuntura esas cosas saltan a la vista. Estamos viviendo un tiempo nuevo donde hasta cachean a los príncipes. El recelo es enorme y una vez instalado produce una duradera sensación de asfixia. El odio coral al extranjero que se ha propagado en Irak tiene muchos imitadores. En España, concretamente, a pesar de vivir en gran parte del turismo, empiezan a no gustarnos los de fuera. Sobre todo los que ya tenemos dentro. El Fórum de Barcelona se ofrece como «puente con el Islam» en el Parlamento de las Religiones. Se trata de saltar el abismo entre Oriente y Occidente, pero eso no se consigue sólo con buenas piernas, sino con buena voluntad. Es lo que acaba de pedir Juan Pablo II a Jesús Resucitado, con los restos de su voz, en la misa de la Pascua: fuerza para hacer frente al terrorismo inhumano y también que «la tentación de la venganza ceda el paso al coraje del perdón». Por su parte, Comisiones Obreras y UGT han acordado que su lema para encabezar las manifestaciones del Primero de Mayo, que es el Día del Trabajo, sea «No al terrorismo». Mucho habrá que trabajar por la paz todos los días para que se cumpla.