AL TRASLUZ
García Prieto
GARCÍA PRIETO, en nombre de todos los grupos de la Diputación, ha felicitado a Rodríguez Zapatero y le ha invitado a realizar una visita institucional. El presidente del Gobierno contará con su colaboración para todos los proyectos que beneficien a León. Su actitud no resulta sorprendente a quienes conocen la coherencia de su talante centrista, ajeno a visiones maniqueas. Ha hecho muy bien, y no porque padezca síndrome de Estocolmo alguno, como un periódico ha dejado injustamente caer, sino porque está convencido de que felicitación e invitación son, además de un acto de justicia y de lógica, un beneficio para la provincia. La inteligencia política, que no puede ser otra que trabajar por el beneficio de los leoneses, implica actuar así. He tenido la suerte de colaborar en distintos proyectos con García Prieto, como en la repatriación de las cenizas de Gordón Ordás, y me consta su humanismo democrático, su visión liberal del mundo, su fe en el diálogo. Sólo desde una visión ramplona de la política se puede entender que felicitar al presidente del Gobierno, invitarle a visitar la provincia, tender la mano, es favorecer al PSOE o dar más coba de la necesaria. Zapatero es hoy nuestro leonés más importante. Es lógico que nos enorgullezcamos de él, se le haya o no votado, que le deseemos lo mejor, que sigamos con gran interés su proyecto. Por eso, la Diputación ha dado una lección de caballerosidad, pero también de eficacia. La política no se puede reducir a estrechas estrategias electoralistas, por legítimas que sean. Proyectar valores de convivencia es también un deber en estos tiempos de crispación innecesaria, que ya cansa, por no decir que asquea. En suma, dar ejemplo de civismo. También así se trabaja por la paz, o sobre todo de esta manera. Personalmente, me siento orgulloso de que Zapatero sea presidente del Gobierno, pero también de que García Prieto lo sea de su institución. Si eso es ser de pueblo, viva la boina.