FRONTERIZOS
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ESTOS días arranca en Ponferrada la Feria del Libro. Se reconoce fácilmente la fecha porque llueve: singular aportación escenográfica de melancolía primaveral que siempre incorpora graciosamente la naturaleza al evento, quizá como subrayado poético para limar el pragmatismo de la nueva Ministra de Cultura, que ha dicho que quiere reducir el iva del libro a un simbólico uno por ciento y el de los discos a un cuatro. Los ejecutivos del «top manta» andan calculando el impacto que sobre su negocio tendrá la medida, las autoridades europeas ya han advertido que con las cosas de comer no se juega y los libreros de Ponferrada están planteándose regalar paraguas en vez de marcapáginas: con un Quijote, una bonita sombrilla manchega, gentileza de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha; con «El Señor de Bembibre», un chubasquero serigrafiado con una original vista de Las Médulas patrocinado a medias por el Consejo Comarcal y un fabricante de áridos. Todo sea por la cultura escrita. Esto del iva y los libros ha sido muy instructivo. Ahora que en Europa somos tropecientos millones de ciudadanos y un sindiós de lenguas, resulta que también somos no sé cuántos tipos impositivos y que sólo Luxemburgo tiene un impuesto más bajo que el español aplicable a los libros, material que es gravado hasta con un 25 por ciento en países tan desarrollados como Dinamarca donde, pese a este exceso fiscal, se lee más que en este país nuestro, que tiene que sacar los libros a pasear bajo la lluvia para mendigar clientes. Loable me parece lo que no creo que pase de ser un gesto de la nueva ministra pero me temo que en España no crecerán los lectores ni aunque las facturas de los libros desgraven en la declaración de la renta.