LA VELETA
Mirando a Europa
DENTRO DE pocos días deberá iniciarse la revisión del texto constitucional del que pretende dotarse la Unión Europea de veinticinco miembros. Y la tarea de conseguir el suficiente acuerdo y la satisfacción mínima de algunos países, entre ellos el nuestro, se ve aún en el alero. Se recordará que el planteamiento que hizo Aznar, al reclamar que se respetara el reparto de poderes alcanzado en el Tratado de Niza, en contra de lo determinado por la asamblea de redactores del texto que presidió D'Estaing, que puso al borde del fracaso ese texto de la futura Constitución. Lo cierto es que ni siquiera los integrantes del PP en esa asamblea redactora mostraron desacuerdo alguno, y se habían mostrado perfectamente felices hasta que Aznar proclamó que Giscard le había dado el gran timo de recortar los poderes alcanzados por España en Niza. Pues bien, ahora corresponde a Zapatero la negociación final y es grande la expectación sobre cuál es el resultado de lo que en el PP se entiende que será, con toda certeza, una cesión en las posiciones aznarianas. Hasta el punto de hacer ya un planteamiento radical: si España sale perjudicada en la negociación, el PP reclamará que se someta a referéndum, y además, no pedirá el voto afirmativo. Es decir, que mantendrá sus resistencias hasta el final. Ya sabemos en qué posición está cada cual, y a lo que se aspira: el PP de Aznar a reconquistar las posiciones de Niza. Francia y Alemania aspiran a aplicar criterios distintos: la llamada doble mayoría de habitantes y extensión de cada nación, para hacer ese reparto que, en el primer momento, otorgaba situación de privilegio a España y Polonia, casi equiparándolos a los grandes de la Unión. Zapatero ha sugerido su buena disposición a esa doble mayoría que permitirá a la dirección del PP denunciar que con Aznar, España tenía más poderes o conseguía mayor respeto ante los grandes del eje francoalemán. En ese clima previo se van a abordar esas negociaciones, en medio de reproches a quien «se ha cambiado de bando», alineándose, precisamente, con Francia y Alemania en la gran política internacional de la UE. La cuestión es si una Constitución posible y real habrá de ser peor que una Constitución inalcanzable, o alcanzada contra la opinión del núcleo dirigente de la UE.