Diario de León
Publicado por
JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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LA MEDIDA es vieja. Sin embargo, este periódico --en primera página, a cuatro columnas-- la presentó ayer como novedosa. El corregidor de la ciudad, Francisco Fernández, ha encargado un estudio de medidas legales con este resumen final: los destrozos que provoquen los vándalos tendrán que pagarlos, ya sea en fin de semana o en cualquier circunstancia. El Ayuntamiento de León igual cree que acaba de redescubrir el Mediterráneo. Estaba obligado, por ley, desde siempre. Si los «atilas» nocturnos o de media tarde, del botellón o del éxtasis eran menores de edad, los padres tenían que aflojar la cartera. Lo que sucedía es que en muy pocas ocasiones se lograba identificar a los desjarretadores. ¿Qué vigilancia policial necesitaría el Ayuntamiento para poner feno al vandalismo?. La estimación de daños es de 60.000 euros anuales. ¿Cuánto costaría al municipio esa prevención?. En el supuesto de ser identificados los menores y que sus padres paguen, ¿qué pasa con los destrozos que podrían generar los jóvenes de 18 ó 20 años? ¿A qué solvencia se agarrará el Ayuntamiento?. El proyecto me parece viejo y absurdo. Es más: la Cultural está disputando la fase de ascenso a la división de plata. En caso de lograrlo, ¿alguien cree que el desguace del mobiliario iba a ser menor que en otro fin de semana?. Más nueva y actual ha sido la intervención del ministro de Defensa, José Bono, en el Congreso de los Diputados. Ya no jarreaba sobre Madrid, como en la boda, o en la tarde posterior que obligó a suspender el festejo taurino. Por cierto, ayer se incorporó a la peña «Seis y Medio» de «La Solera» Pablo San José, y la crítica subió de tono, igual que cuando el músico le pone un «sí bemol al becuadro» de su partitura. José Bono rotundizó en el Congreso que la guerra de Irak ha costado a las arcas españolas 360 millones de euros, esto es, unos 60.000 millones de pesetas. La guerra en la que nos metió Aznar, además de ser ilegal, de alejarnos de nuestros socios europeos, de suponer una catástrofe política, nos ha costado un ojo de la cara y la retina del otro. Una cantidad semejante habría puesto ruedas a no pocos proyectos industriales en León, por ejemplo. Sólo cabe felicitarse porque ya están en casa todos los soldados españoles. No sé si también es para felicitarse por el resultado de las elecciones académicas de ayer, en segunda vuelta, supongo que sí, dado que la mayoría ha entregado el gobierno de la institución a Ángel Penas para cuatro años más. Ganó con claridad. Y en la Universidad hay una máxima: nada más concluir el recuento de los votos, el triunfador es Rector de todos. Dentro de otros cuatro años, Dios dirá. A más corto plazo tenía sus esperanzas Guillermo Hidalgo, el último de una saga enhebrada entre Extremadura y la Babia y Luna leonesa. Con él se cierra una estirpe de ganaderos y terratenientes. Murió ayer, 89 años, soltero, abogado que nunca ejerció, hábil financiero, sufridor de una larga enfermedad. Aunque parecía que en los últimos años había entregado el testigo, no era verdad. Tenía tantas ansias de vivir que hasta hace menos de ocho días se operó de cataratas. El destino no le dejó tiempo para ver más.

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