Diario de León
Publicado por
FERNANDO ALLER
León

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CINCO DÍAS DESPUÉS, la pregunta continúa sin respuesta. ¿Por qué lo hizo?. Este era el interrogante que nos planteábamos en el periódico del pasado miércoles, tras conocer la decisión de José María Rodríguez de Francisco de abandonar la UPL, el partido que él mismo fundara hace trece años. De Francisco abandona también el cargo de primer teniente de alcalde, la presidencia de la empresa mixta que gestiona la ORA y las delegaciones municipales de los servicios de Limpieza y Jardines. Mantiene, sin embargo, las actas de concejal y de procurador en las Cortes de Castilla y León, pese a que la dirección del partido le ha pedido que renuncie a los dos puestos de responsabilidad política. La crisis de la UPL se había venido larvando desde hace tiempo, pero tuvo su puesta en escena a raíz del congreso del partido, celebrado hace unas semanas en Astorga. Desde su fundación, De Francisco ha manejado el partido como una finca particular. Al menos esta es la crítica fundamental que le hacen quienes en estos momentos dirigen la organización. Por ejemplo, personalmente decidió el pacto con el PSOE en el Ayuntamiento de León y también de forma personal resolvió la crisis en Caja España, al imponer los nombramientos del director general y del presidente. Si a esos niveles la comunicación con el resto de la ejecutiva era nula (aseguran haberse enterado por el periódico), cabe imaginarse que en asuntos de menor importancia el personalismo en las decisiones resultara la tónica habitual de su comportamiento. Con estos antecedentes se llega al congreso, en el que se pretende conformar una ejecutiva con mayores niveles de participación. De Francisco no quería ver disminuido su poder absoluto, así que anunció públicamente que no participaría. Seguramente el ex líder leonesista pensara que sin él, todo lo demás sólo podía ser el caos. Pero se equivocó, porque del congreso salió una ejecutiva con una vocación democrática y de participación colectiva en la toma de decisiones. Tal vez no tuvo en cuenta que los cementerios están llenos de héroes y de hombres que se creían imprescindibles. Quienes le conocen políticamente no dudan en afirmar que De Francisco es una persona hábil, un gran estratega capaz de confundir a propios y extraños. Con ese conocimiento, dentro del partido mucha gente estaba a la espera de su próximo paso, un golpe de efecto que le llevaría a retomar el poder. Por eso la sorpresa ha sido mayúscula cuando anunció su baja. Es el único paso que nadie esperaba. Invalida la hipótesis de su vuelta. Alguien buscaba en el mus el símil del órdago. Hay una diferencia. El órdago sólo puede salir bien si continúas en la partida. ¿Por qué esa retirada? Nadie es capaz de dar una respuesta con cierta lógica a esta pregunta. Él tampoco lo dice. Hay quien piensa que detrás de esta retirada se encuentra la decisión de crear un nuevo partido. Hasta le han puesto siglas: el Partido Independiente Leonés, el PIL. Sus afiliados, naturalmente, serían los «pil-ines». De Francisco se ha jactado en ocasiones de poseer un poder de convocatoria tan grande que no tendría dificultades para reunir a seis mil personas en el Palacio de Deportes si se lo propusiera. Todo un reto, sobre todo si ya no se dispone del poder de empleador que con largueza y generosidad ha ejercido a lo largo de estos últimos años. Porque ese es otro de los dramas. Personas de su confianza en la administración municipal han perdido a su valedor y todo apunta a próximos cambios. A escalas inferiores, tal vez comiencen a ser ejército las personas que no quieran salir en la foto. Ni en el Palacio de Deportes ni en ningún otro sitio. La crisis tiene una repercusión fundamental en el Ayuntamiento de León, donde los cinco concejales leonesistas son la llave que pone la Alcaldía en manos del PSOE (10 concejales) o del PP (12 concejales). En el primer caso es necesario el apoyo de cuatro votos y en el segundo, de dos. Los concejales leonesistas están divididos en dos bloques. A un lado están los ortodoxos del partido, los afines al nuevo rumbo y a su secretario general, Joaquín Otero. Son tres: Javier Chamorro (que el martes será designado nuevo primer teniente de alcalde), Genma Cabezas y Alejandro Valderas. El otro bloque lo conforman De Francisco, que ya no está en el partido, y Covadonga Soto, fiel al primero pero que continúa inscrita como militante. A Francisco Fernández le hace falta contar con el apoyo de los dos grupos para seguir al frente de la Alcaldía. Mario Amilivia lo tiene más fácil. El cambio de alcalde no es una hpótesis que se baraje ahora, al menos a corto plazo. Los tres concejales afines a la nueva dirección de la UPL seguirán en el equipo de gobierrno, pero exigirán un reconocimiento político mayor. No más cargos, que ya tienen para repartir con los que dejan vacantes De Francisco y tal vez Covadonga Soto. No es ese el problema. La pretensión es lograr una mayor presencia social, porque la UPL se enfrenta al riesgo de ser engullida por el PSOE. ¿Y cómo se logra eso? Pues escenificando más los acuerdos. Fuera de los despachos. Por ejemplo, no se descarta que José Luis Rodríguez Zapatero el día 23 de julio, coincidiendo con la celebración del Consejo de Ministros en León, tenga un gesto para realzar el papel de los concejales leonesistas en la gobernación municipal. De momento sería suficiente, pero a más largo plazo, la exigencia será mayor. Uno no cree, sin embargo, que una supuesta escalada de exigencias esté concebida ya como estrategia para romper el pacto con los socialistas y firmar con el PP. De Francisco sí lo sospecha. Alertaba el viernes sobre hipotéticas argucias, que pasarían por colocarle a Zapatero desde la UPL listones tan altos (la autonomía uniprovincial, citó textualmente) que su obligado rechazo por parte del presidente del Gobierno serviría de justificación para romper los acuerdos municipales. De Francisco últimamente está en la deriva de la conspiración y ve ocultas alianzas con el mismo presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera para dar un vuelco a la situación politica municipal de León. No parece que las cosas vayan por ahí, lo que no impide contemplar la hipótesis de la ruptura del pacto a medio plazo. Pero esto que no significa necesariamente el cambio del titular en la Alcaldía. Simplemente, los concejales de la UPL recobrarían su independencia y marcarían la pauta de gobernación desde la neutralidad entre las dos grandes fuerzas: PP y PSOE. En todo caso, sólo el tiempo desvelará el enigma. Los designios de Dios son impredecibles. En la política, también.

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