Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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ES ABSOLUTAMENTE compatible ser un buenísimo padre de familia y un político pésimo. Las condiciones que honran a un señor particular no son las mismas que requiere la gestión pública. Aunque se haya dicho que el mando debe ser un anexo de la ejemplaridad, los grandes mandatarios y los que aspiran a serlo no precisan cultivar cualidades morales, sino más bien atender a predios cercanos a las inmoralidades convenientes, que es donde nacen las pálidas flores de la astucia. Eso de medir la valía de un político por su conducta en la intimidad puede ser un entretenimiento, pero también es una forma segura de equivocarse. Casi todos los dictadores, salvo los bananeros y a excepción de Mussolini, que se jactaba de montar un caballo todas las mañanas y una mujer todas las noches, han sido maridos irreprochables y amantísimos, de una fidelidad plúmbea. Otros amaban a los animales con una ternura semejante a la del pobrecito de Asís. Hitler acariciaba a su perra loba y se le humedecían los ojos. El general argentino Videla comulgaba todo el tiempo que le dejaba libre incrementar el número de «desaparecidos». Quizá no se debieran mezclar unos aspectos con otros. Ahora un escándalo sexual ha frustrado la carrera del aspirante republicano al Senado de Illinois. Un banquero y profesor llamado Ryan, que a sus 44 años dicen que era la figura más prometedora de su partido. Se ha descubierto que intentó que su ex esposa, cuando todavía era su mujer, copulara en público en clubes eróticos y eso, generalmente, no está bien visto. Quizá se haya perdido un gran organizador de la convivencia. ¿Por qué alejarse de su primordial vocación? Hubiera bastado pintarle los cuernos con purpurina. Hay cualidades de muy distinto signo que no se contraponen y cualquier país está necesitado tanto de buenas personas como de buenos políticos. Pedir que ambas cosas coincidan en el mismo ser humano quizá sea una aspiración excesiva. Todavía hay gente que la mantiene.

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