Diario de León
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ANTONIO CASADO
León

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YA ERA bastante el dolor de las familias por la desastrosa gestión de las causas y los efectos del oscuro caso Yakolev (62 militares muertos sobre tierras de Turquía cuando regresaban de Afganistán hace trece meses). Ahora tienen un sufrimiento añadido por dos novedades que se precipitaron a finales de la semana pasada. Una se deriva de los elementos de convicción aportados por el Instituto de Toxicología de Estambul respecto a la mala identificación de los cadáveres. Otra es el berrinche personal del cesado jefe de Estado Mayor de Tierra, Alejandre Sintes, que era el máximo responsable de aquellos vuelos. Respecto a la primera convengamos en que no queda bien la imagen de la España democrática en cuanto a transparencia. Los elementos de prueba en la búsqueda de la verdad han tenido que ser de importación turca. Solo así pudo acreditarse que la gestión de las causas y los efectos de la tragedia del Yakolev dejan una de las páginas más vergonzosas de nuestra reciente historia. Respecto a la segunda se escenifica en un acto oficial (toma de posesión del nuevo Jefe de Estado Mayor de Tierra), la lamentable escisión entre los familiares de los 62 militares muertos y sus mandos. Concretamente este mando, que en su día se permitió burlarse del malestar de las familias al espetarles que «estos vuelos no se organizan como si fueran viajes de novios a Cancún». El actual ministro de Defensa, José Bono, ha declarado que se buscará la verdad de lo ocurrido sin ánimo de revancha política, al tiempo que ha desvinculado lo ocurrido con el Yakolev del relevo de la cúpula militar y las declaraciones del general Alejandre. No hay quien se lo crea. En medios militares es un secreto a voces que Alejandre, más reputado por su verbo que por su capacidad de gestión se venía postulando para ascender en la cadena de mando como jefe del Estado Mayor de la Defensa. Reunía todas las condiciones para el nombramiento por razones de escalafón. Pero se cruzó el Yakolev y la guerra de Irak en un camino que cambió de rumbo con la victoria de los socialistas en las urnas. Por tanto, no tiene nada de particular que el nuevo ministro haya decidido prescindir de él.

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