LA VELETA
Un trámite glorioso
LOS HÉROES no rinden cuentas a los mortales y José Luis Rodríguez Zapatero, sin duda, lo es. Pasó de la humildad a la gloria en un trámite que parecía insulso de una trayectoria desgarradora del Partido Socislita que estuvo a punto de hacerle perder la identidad y que le hizo perder la memoria. Nada de lo que pasó después de la salida de Felipe González de La Moncloa movía a la esperanza. Su renuncia en el Congreso, en el que también sacrificó a Alfonso Guerra; la elección de Joaquín Almunia y su desbordamiento por José Borrell y la catástrofe electoral con la mayoría absoluta del Partido Popular. Todo parecía perdido para siempre y entonces se produjo el milagro: apareció el hombre tranquilo. Sin aspavientos, con una transparencia desconcertante -Zapatero es como parece-, el líder sin sobresaltos, como un modesto corredor de fondo que permanece agazapado en el grupo hasta el sprint final, el nuevo presidente del Gobierno se ha presentando en el congreso federal de su partido para recoger los trámites de la gloria. Pero eso es sólo el escaparte del éxtasis. Detrás de las bambalinas siguen debates encapsulados sin celebrarse. El modelo territorial de España que establezca definitivamente nuestra identidad como españoles sigue pendiente del humor de Pasqual Maragall. Aquí todos estamos pendientes de si Maragall, cada noche, tiene sueños o sufre pesadillas. EL PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero no formula proyectos para una refundación de la izquierda y, sin complicarse la vida, sólo aspira a gestionar el liberalismo de la forma menos salvaje posible. Quizá no sea poco, pero renuncia al sueño de resucitar una izquierda largamente dormida. Los compromisarios están creados para resaltar y poner en escena la gloria de los vencedores. El Congreso del PSOE fue sólo un certificado de calidad para que el partido pueda aspirar a consolidarse mucho tiempo en el poder, que es el sueño verdadero de la política. Pero los socialistas del PSOE todavía ni siquiera están de acuerdo en la forma de sentirse españoles ni son capaces de definir la esencia del socialismo del siglo XXI. Esa labor hay que dejarla para los posos de la vida cotidiana. Los congresos sólo son la puesta en escena que permite representar la gloria.