AL TRASLUZ
Libros en la maleta
CADA VERANO trato de dedicarle mis lecturas a un tema concreto o a un autor. Este año se lo dedicaré a Homero y al mundo griego. El canon de belleza puede haber cambiado desde que Paris designó a Afrodita la diosa más bella, si bien con cierto tongo, pero la condición humana sigue siendo la misma. La avaricia insaciable de poder y fortuna, la traición, la indiferencia hacia el sufrimiento ajeno, la impiedad... no quedaron enterradas para siempre en Troya, ni siquiera con la tragedias de Shakespeare. No es que hayamos cambiado poco desde entonces, sino que apenas hemos aprendido verdades que no estuviesen ya en las tablillas sumerias. También echo a la maleta las cartas de Tolkien, el autor de El señor de los anillos , quizá el gran relato épico del siglo XX, uno de los intentos más nobles de transmitir esperanza ante tanto horror. En La Iliada no hay piedad, no al menos entendida con la grandeza liberadora que trajo consigo el cristianismo. En la novela de Tolkien, en cambio, todo se consigue a través de la piedad con el enemigo. Aragorn es superior espiritualmente a Aquiles y su cólera egocéntrica. Al primero se le puede seguir, y hasta pedir consejo. Realmente asombra leer lo que los hombres escribieron hace siglos. Pero quizá fueron lecciones arrojadas al viento, sabiduría pisoteada. Aunque también, ay, la voluntad individual del hombre para ser mejor que su entorno, para no ser masa, para vivir y morir con un mínimo de dignidad. Macbeth no es el único modelo posible de conducta, ni siquiera para un político. Y tras el verano, hay que releer a Cervantes, no porque se aproxime una solemne conmemoración relacionada con su literatura, sino porque es una obra creada desde el bien y para el bien.