EN EL FILO
Cronicón veraniego
TÍPICAMENTE periodístico, tal día como hoy todos los años, es hablar de las vacaciones de nuestros políticos: que si ZP se va a Menorca, como hizo su predecesor -que este año se nos marcha a Méjico, lejos del mundanal barullo-; que si Rajoy pensará en La Toja qué hacer ante el próximo congreso de su partido; que si tal ministra se vestirá de largo para la feria de Málaga...Es la crónica frívola que concluye un curso político que esta vez ha sido de todo menos frívolo. Un curso del que todos salimos mentalmente agotados, deseando escapar. Puede que al presidente Zapatero, exultante en sus triunfos varios, no le queden muchas ganas de reflexionar sobre lo que ha de hacer en el futuro inmediato. Pero al líder de la oposición sí que lo van a obligar las circunstancias a cavilar. Y mucho. Dicen que ZP, como su predecesor el año pasado ha pedido que, hasta el día 23, que es cuando comenzará el lento y desesperado regreso, no le molesten demasiado. Quiere dedicarse al mar y a la familia. La verdad es que ha sido mucho lo vivido y aprendido en los últimos doce meses: ¿recuerdan que el pasado agosto se consumió en las atroces sesiones de la comisión parlamentaria de investigación de lo que se llamó «caso Tamayo»? Y luego, tras el «tamayazo», se repitieron las elecciones en Madrid, y el Tripartito ganó en Cataluña, y ocurrió la masacre que aún perdura en nuestros corazones y el vuelco en las urnas del 14 de marzo, y la llegada al poder de Zapatero y sus hombres y mujeres paritarios, y las europeas, y los primeros cien días de Gobierno (que ya son 106)...Sólo enumerar todo eso produce ya fatiga; hay que comprenderlo. Tampoco parece probable que el entorno de ZP tenga demasiadas ganas de líos: esta vez, con la pringosa colaboración de la comisión del 11-M, todos los hombres y mujeres paritarios del poder parecen marcharse deseosos de olvidar, de dedicar sus ocios a la lectura, los viajes o a ver las Olimpiadas por la tele pública, que esa va a ser otra. Allá ellos, porque esa noria no se detiene, y ministros y ministras hay que prácticamente no se han estrenado: ahí está la encuesta del CIS que asegura que al menos dos miembros del Gobierno son desconocidos para casi el 70% de los españoles. Claro que, te dicen, alguno de esos ministros/as está preparando la «ofensiva de septiembre». Por ejemplo, en materia educativa. O sea, que la titular de Educación, que, por si usted no lo sabe -que podría ocurrir que no lo sepa, como ese restante 70% de compatriotas-, se llama María Jesús San Segundo, podría ver algo recortadas las vacaciones por el empeño en tirar abajo, sin tener recambio, la LOU y la LOCE. Veremos. Claro que, en ese caso, la señora San Segundo no haría sino compartir el triste sino de la oposición, donde las mieles son menos y la dulce derrota es considerada más bien amarga por la mayoría de los «populares». Si yo tuviese que apostar, apostaría por un verano conspiratorio -en el sentido más político del término; por tanto, en el mejor sentido- entre las gentes del PP. Como el año pasado. Y, aunque Rajoy no es hombre dado a despilfarrar esfuerzos -vamos a decirlo así-, seguro que se va a pasar buena parte de este ferragosto, entre Mallorca y Galicia, pegado al teléfono y ahumando con sus puros a los peregrinos que se lleguen hasta Sanxenxo para ver qué habrá de lo suyo en el congreso del PP de comienzos de octubre. Porque inquietud hay mucha en el PP. La sembrada por Fraga dando a entender que ahora reconsidera la posibilidad de presentarse a las elecciones en la Xunta de Galicia, en otoño de 2005 -tendrá para entonces casi 83 años- y los permanentes sustos que da un Aznar que cada día parece, a quienes lo visitan en el reducto de la Faes, más irritado con propios y ajenos. Menos mal que se marcha, parece, a un lugar ignoto de la costa mejicana y luego se encerrará en la casa alquilada por su yerno Agag. No habrá este año, claro, Quintanilla de Onésimo.