Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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SE RUMOREA en Madrid que una comisión de sabios, reforzada por grupos de parapsicólogos e incluso cazafantasmas, va a estudiar con detenimiento el enclave presidencial de la Moncloa, para analizar desde un prisma científico la razón que lleva a sus sucesivos inquilinos a abandonar el lugar convertidos en auténticos zoquetoides, afectados por el complejo de Napoleón con capirote y todo. Una maldición gitana que ha tomado pérfida forma en el cerebro del expresidente Aznar, cuya vocación de reina madre trae de los nervios al pobre Rajoy, aterrorizado ante las salidas de tono y marrullerías de viejo comediante que prodiga su antiguo jefe por esos mundos de Dios. Ataviado con una gama de bañadores que ya estaban pasados de moda en tiempos de Matusalén, se pasea por las costas provocando carreras de pánico entre los incrédulos veraneantes, convencidos de que Charlot se ha levantado de la tumba y cabalga de nuevo. No es el único afectado por ese extraño síndrome del monclovismo que transforma a sus despendolados vecinos en los mayores forofos de sí mismos. Porque ahí tenemos a Felipe González, desplegando en público todas las velas de su elocuencia. Tras ser apeado de los altares políticos a golpe de voto, se ha convertido en todo un hombre del Renacimiento que ahora dedica sus muchos talentos a diseñar joyas, «joyos» dice él con un gracejo andaluz que recuerda al mejor Chiquito de la Calzada, transformado en un artesano globalizado cuyas sofisticadas creaciones lucen «la Romero» y «la Sonsoles», como llama don Felipe en una explosión de compadreo a su propia esposa y a la de Zapatero. En fin, la Moncloa debe ser algo así como un triángulo de las Bermudas que deja a sus residentes con menos luces que una tumba egipcia. No hay otra explicación.

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