Diario de León
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EL CONSEJO de Ministros prometido y celebrado en León el 23 de julio había despertado una expectación enorme y una ilusión a todos los leoneses como hacía posiblemente décadas que no sucedía. Como era de esperar, la visita del presidente del Gobierno de España ha merecido numerosos comentarios de lo más variado. Los socialistas cuentan y no terminan con tanta promesa de ZP, presidente del Gobierno de la nación; los populares dicen que la mayor parte de las promesas del presidente del país coinciden con las que ellos habían hecho anteriormente o están ya en ejecución. Por su parte, los dirigentes leonesistas, más incrédulos o más realistas, hablan de decepción, farsas, mentiras y timos. Uno, que ha visto demasiadas promesas de los políticos incumplidas, no acaba de convencerse de que todo se convierta en realidad y, por supuesto, menos crédulo aún en el tiempo tan breve para su ejecución. Los socialistas han sido siempre muy generosos en prometer muchas cosas que, en una parte no han cumplido jamás y, en otra, han ejecutado con mucho retraso. Sin embargo, esta vez quiero pecar de pardillo, en el sentido de persona que se deja engañar facilmente, y creer que todo lo que prometió ZP lo va a cumplir, incluso en los tiempos previstos. Pero, ¿cree de veras el señor presidente que el cumplimiento de sus promesas será la solución a tantos y tan graves problemas de la región leonesa o simplemente de la provincia leonesa? La construcción del Inteco en la ciudad de León con un máximo de 200 puestos de trabajo ¿va a impedir la emigración masiva de jóvenes capitalinos? El laboratorio Ciemat de Ponferrada, ¿va a eliminar con sus veinte o treinta puestos de trabajo el mismo problema que en la capital? Y así el resto de las promesas. Aunque se cumplan, no lograrán impedir la masiva emigración de nuestros jóvenes, sólo conseguirán paliar una pequeñísima parte de tantos problemas de esta región y de esta provincia. Faltan proyectos realmente eficaces que impidan la dramática despoblación que sufren prácticamente todas las comarcas de la provincia y de la región. Los proyectos de inversión apenas si van a generar unos pocos cientos de puestos de trabajo, cuando el déficit, solamente de la provincia leonesa, es de 170.000 y el de la región supera los 300.000. Estas cifras no son para sentirnos unos privilegiados, sino para igualar la media nacional. El desfase en puestos de trabajo en esta tierra con la media nacional es tan descomunal que las promesas de José Luis Rodríguez Zapatero están a años luz de conseguir lograr soluciones auténticas. La solución no está en hacer solamente inversiones y crear algunos servicios más que, por cierto, hay muy pocos en sus promesas. La verdadera y única solución está por supuesto en cumplir todas las promesas y, además, conceder a esta región los mismos derechos y libertades fundamentales que tienen las demás regiones españolas, esto es autonomía propia. Esa posibilidad, esa esperanza, que teníamos muchos leoneses, la ha cortado de raíz ZP con sus palabras: la actual autonomía está perfectamente consolidada Aquí la única que tiene consolidado el desarrollo económico, y de qué manera, gracias a la autonomía, es la provincia de Valladolid. Las estadísticas del INE y las privadas de bancos y cajas confirman la rotundidad de esta afirmación. Y las estadísticas no se discuten, se comprueban Para refrescarle la memoria, señor presidente, voy a recordarle algunas de esas estadísticas oficiales: la provincia de Valladolid ha conseguido tal desarrollo que ya es la séptima más rica de España, mientras las tres provincias leonesas son las más pobres. Las provincias leonesas son las que más población han perdido en cifras relativas y la de León, incluso en cifras absolutas. Son, a su vez, las que mayor porcentaje de jubilados tienen y las que cuentan con menor número de cotizantes a la Seguridad Social. Son también las provincias con peor porcentaje de nacimientos . La provincia de León tiene el doble de jubilados que la provincia de Valladolid con una población similar. En estos últimos veinte años largos, las tres provincias leonesas se han puesto en cabeza en todo lo negativo y los últimos en todo lo positivo. Curiosa consolidación de esta autonomía Estas son las consecuencias de pertenecer a esta comunidad autónoma. ¿Y dice que es una autonomía consolidada? ¿Qué tendría que pasar para que no lo estuviera? ¿Que nos vayamos todos los leoneses? No se preocupe, señor presidente del Gobierno, todo se andará. Como apenas nacen niños y los viejos nos iremos pronto inexorablemente al otro barrio, estas tierras quedarán libres en pocos años. Le sugiero, señor presidente, que envíe a sus hombres a recorrer la provincia de León. Pueden visitar cualquier comarca: Babia, Luna, Cepeda, La Maragatería, La Cabrera, Omaña, Valles del Esla, etcétera. Tenga la seguridad de que le contarán lo siguiente: casas, muchas casas cerradas, abandonadas, incluso las tiendas, porque no hay suficientes clientes para comprar, algún anciano o anciana, pocos, claro y, no verán más porque no hay más. El daño causado a esta región en estos años no tiene parangón en toda la Historia de España. La propia España fue, en otros tiempos, mucho más generosa con sus colonias en África y América. Mientras nuestros mejores recursos humanos, la juventud, siga dejando su sudor en otras partes; mientras nuestros recursos económicos dejen sus beneficios en Vizcaya, en La Coruña, en Madrid y en Valladolid; mientras nuestros impuestos directos vayan a parar a esos mismos sitios, esta tierra leonesa no tendrá solución Todos sus proyectos, señor presidente, no son más que cirugía estética en un cuerpo que tiene un cáncer dentro. Un cáncer cuyo nombre es comunidad autónoma de Castilla y León, un cáncer perfectamente asentado y consolidado en su opinión, un cáncer que está llevando a la tumba a la región leonesa, si alguien no lo remedia pronto. Quiero recordarle, señor José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, que el éxito de la política de su partido no estará en su propia satisfacción, ni en la satisfacción y declaraciones favorables de sus ministros, ni siquiera en el cumplimiento de sus promesas, sino en la satisfacción, de la mayoría de los ciudadanos.

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