Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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EL PERIODISTA italiano Enzo Baldoni, secuestrado por el Ejército Islámico de Irak hace una semana, ha sido asesinado. Con él son 348 los corresponsales, fotógrafos y reporteros que han muerto en acto de servicio en los diez últimos años. Un oficio mucho más peligroso que el de torero o el de corredor de fórmula 1. Lo curioso es que el noventa por ciento de estos asesinatos ha quedado impune y sin resolver. También llama algo la decaída atención de los lectores y televidentes el hecho de que entre tantos difuntos anticipados, sólo 55 dejaron de existir cuando estaban implicados en situaciones bélicas. Los demás cayeron víctimas de asesinatos premeditados en represalia por sus informaciones. En el caso de Baldoni, sus verdugos mandaron un vídeo a una emisora con todos los detalles de la ejecución, pero lo normal es que los muertos desaparezcan. El procedimiento lo patentaron en la Argentina de Videla y en el Chile de Pinochet. Los cadáveres se esfuman y sus familias no pueden darles sepultura. Al no encontrarse sus cuerpos no se puede acusar al cuerpo del ejército represor encargado de pasaportarlos. Ahora, la Corte Suprema chilena va a permitir, por fin, juzgar a Pinochet por la Operación Cóndor. El reprobable anciano ha perdido la inmunidad, ya que los delitos de lesa humanidad no prescriben. Sólo el doctor Alzheimer puede salvar al ex general. Dicen que ya no se acuerda de lo que hizo cuando tenía el mando a distancia sobre la Caravana de la muerte y estaba convencido de que para salvar a su delgada y hermosa patria había que eliminar a muchos compatriotas. El descubrimiento de sus cuentas secretas en el Banco Riggs no va a favorecerle. Se ha demostrado que no sólo se llevó muchas vidas por delante -de periodistas, de artistas, de sospechosos de simpatizar con la izquierda- sino que se llevó mucho dinero. ¿Lo guardaría para la vejez? Su ancianidad no va a ser tranquila. Ha perdido la memoria y el oído. Ni siquiera oye la voz de la conciencia.

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