Diario de León
Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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MARIANO RAJOY tiene ante sí dos opciones bien claras, aunque quizá él mismo no acierte a visualizar completamente la disyuntiva: o provocar una profunda renovación de ideas y personas en el PP, imprimiéndole su impronta personal y rescatándolo de los graves recelos que ha generado en la opinión pública, o ponerse simplemente al frente del partido asistiendo pasivo a la evolución natural de la actual decadencia. En el primer caso, Rajoy tendría oportunidades de ser presidente del Gobierno en el 2008; en el otro, Rajoy será probablemente sustituido del liderazgo del partido antes de que el PP llegue al poder, mucho más tarde. En los últimos días, determinados acontecimientos han extendido la impresión de que Rajoy se aferra a la idea de que, después del 14-M, no hay nada sustantivo que cambiar en el PP. Encantado con la tesis -que es una traicionera verdad a medias- de que su formación política perdió las elecciones por una fortuita y aislada adversidad, los imprevisibles atentados del 11-M, concluye que será suficiente con mantener el timón de la nave para que los ciudadanos le devuelvan gentilmente la confianza que le negaron esta vez. Quienes le seducen con esta teoría le ocultan que los atentados no fueron el detonante sino el catalizador de la brusca mudanza: las gentes, ahítas de PP, encontraron el asidero para movilizarse. He ahí los síntomas que anuncian los rumbos populares: tras el congreso de principios de octubre, Aznar, presidente de honor, será miembro nato de la Ejecutiva; Acebes y Zaplana, los rostros más visibles del fracaso del 14-M, han sido ya confirmados como secretario general y portavoz del grupo parlamentario, y son por ahora los únicos que cuentan con el explícito y público respaldo del futuro presidente. Aznar no ha podido contenerse, y tras dictaminar que actualmente gobierno «el partido del odio», ha anunciado el «empobrecimiento» que nos aguarda, la voladura de la estabilidad presupuestaria y, en definitiva, el diluvio que se nos avecina por haber prescindido groseramente de su sabiduría. Todos estos deslizamientos marcan, sin duda alguna, un camino que presagia un futuro encastillamiento del PP en posiciones que no van en la misma dirección que la ciudadanía. La legislatura ha comenzado con una oxigenación general de la política que se proyectará mediante reformas que ya revelan, en su afán de aproximar el país oficial al país real, un cierto ánimo aventurero. La coyuntura es decisiva: si Rajoy se acomoda en el continuismo, si no ve que el viejo proyecto popular ha de adaptarse al hecho incuestionable de la reciente derrota, el futuro se le caerá de las manos a medida que empiece a recorrerlo.

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