Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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EL TERRORISMO, cualquiera de ellos, sólo tiene un enemigo: la democracia. Aunque se haya especulado sobre la licitud moral de asesinar a un tirano, y un jesuita como el padre Mariana entró en materia, después de un tiranicidio no surge por generación espontánea la democracia sino, más bien, disfruta la injusticia de un nuevo mando. Las bandas (ETA) o los entramados terroristas (Al Qaeda y sus franquicias universales) huyen de la democracia como de la peste, pero combatiéndola, incluso allí donde no existe pero pudiera establecerse. Ahora ha sufrido ETA posiblemente su mayor derrota, gracias a una operación policial francoespañola minuciosamente estudiada y ejecutada, pero el gran fracaso de esa organización asesina se produjo ya, a principios de los años 80 del pasado siglo, cuando se hizo evidente que no podría impedir el asentamiento de la democracia española. Y una democracia asentada acaba siempre venciendo al terrorismo por la desaparición progresiva de los objetivos y de las coartadas. ETA ha gozado durante demasiado tiempo de coartadas morales, de benevolencia política, de apoyos sociales y de gran capacidad operativa y financiera. Y de un poder de intimidación que ha desequilibrado notablemente en Euskadi el funcionamiento de la democracia a favor de la gama de los nacionalismos. Pero el descabezamiento de la banda en Salies-de-Béarn, localidad francesa a unos kilómetros de Pau, junto a la captura de una docena y media de etarras en los alrededores, más los que van cayendo en Guipúzcoa y Navarra, deja a la banda en una situación casi terminal. Se trataría ahora de gestionar este descabezamiento de ETA de forma más inteligente que la anterior decapitación de Bidart. Hasta ahora, y tras cada golpe recibido, ETA ha logrado reconstruirse, pero nunca hasta ahora habría vivido en una situación de clandestinidad más vigilada, más permeable y permeabilizada por los servicios policiales de Inteligencia, más insegura en la permanente sospecha de infiltrados en cualquier nivel de la organización. Las cinco detenciones de Guipúzcoa y Navarra van indudablemente a mantener a la banda y a sus novicios en constante estado de inseguridad. De estos cinco detenidos dijo José Antonio Alonso que «ya habían dado su consentimiento para entrar en la estructura operativa de ETA». Cerrada herméticamente la salida política, a los etarras les quedan dos opciones: o renunciar a la violencia de forma definitiva o convertirse, por su debilidad, en un remedo de los GRAPO, lo cual les haría ingresar prácticamente en la delincuencia común.

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