Diario de León
Publicado por
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
León

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PROSIGUE el debate Estado-Iglesia. No ha sido la iniciativa infeliz de un gobierno inexperto. Todo indica que la estrategia que sigue el gobierno de Zapatero en relación con la moral y con la educación está dirigida hacia la consolidación de un Estado laico, lo cual no puede dejar de resultar traumático en un país donde la mayoría de la sociedad es y se considera católica y cuya Constitución rechaza el laicismo del Estado al definir a este como no confesional. Las tensiones que estamos viviendo desbordan los problemas que plantea la enseñanza de la religión. El debate afecta a la moral tradicional en la que de forma plausible han venido coincidiendo/conviviendo la sociedad y la Iglesia, no en vano hegemónica y nacional. Resulta llamativo que sea en España precisamente donde la izquierda esté promoviendo la legalización de experiencias que ni siquiera se plantean en países constitucional e históricamente laicos. Si los jueces franceses se han expresado ya de forma condenatoria ante casos de matrimonios de homosexuales, aquí el Gobierno se niega a que el Consejo del Poder Judicial se pronuncie sobre la cuestión. Y es realmente ridículo que el partido socialista haya querido considerar esta cuestión de urgencia social. Me llama la atención que los portavoces del partido socialista quieran justificar las tensiones entre la Iglesia y el Estado español como si hubieran constituido una constante histórica e incluso como una prueba de la intransigencia de la Iglesia ante las pretensiones justificadas del laicismo. Al argumentar de este modo, los portavoces socialistas cargan la responsabilidad de la terrible persecución que sufriera la Iglesia y los católicos durante la Segunda República a la propia Iglesia y no al anticlericalismo y sus formas cruentas, criminales. Así pues no estamos ante un debate de pura actualidad sino ante un ajuste de cuentas teórico histórico, doctrinario. Los portavoces socialistas intentan demostrar el carácter estructural del debate entre el Estado y la Iglesia con los ejemplos de algunas tensiones de las que no se libró siquiera el franquismo. Se olvidan de decir que, además de tratarse de hechos casuales, todos esos conflictos tuvieron un origen muy concreto y muy parcial: la cuestión vasca. De todas las circunstancias que están rodeando este debate quizá la más arbitraria sea la atribución del conflicto a la Iglesia misma. Según los socialistas, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sería la víctima de una Iglesia incapaz de adaptarse a las exigencias laicas y que podría estar preparando un clima de contestación a juzgar por el ruido de sotanas. Se olvidan que la Iglesia de hoy se viste ya por los pies.

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