EL RINCÓN
El juicio de la Historia
EL LUGAR que cada personaje histórico ocupe depende de los acomodadores. Generalmente, las opiniones de los contemporáneos son distintas y terminantes. Los «juicios rápidos», que tanto convienen para aliviar la tradicional demora de los tribunales, no son válidos. Conviene dejar que se asienten las cosas durante unos siglos, hasta que se renueven las generaciones y desaparezcan del gran escenario del mundo los nietos de los implicados. Para no aguardar tanto tiempo, el Gobierno anuncia una ley para restituir el honor del presidente de la Generalitat republicana, Lluís Companys, fusilado hace ahora 64 años, y de todos los españoles represaliados. Qué mal se llevaron nuestros mayores ¿Cómo se puede fusilar a nadie? Ni siquiera a los que fusilan. Los juicios sumarísimos son siempre venganzas urgentes. Las sentencias se anticipan a las consideraciones y a menudo el abogado defensor es un fiscal disfrazado. El de Companys fue de alta velocidad. Visto y no visto para sentencia. Toda una plusmarca desde que fue capturado por la Gestapo en Francia. Al margen de las valoraciones que puedan hacerse sobre su gestión, su muerte, como la de tantas personas de menor relevancia, de un bando o de otro, fue un asesinato. El error ahora es plantearlo como revancha. ¿Se trata de restituir su honor o de resucitar el horror? Decía Unamuno que hay que tener buena memoria y buen olvido, pero la tragedia de aquella España se revisa una y otra vez, no siempre de manera desinteresada. Como Pasqual Maragall se apareció en carne mortal en el Paseo de la Castellana, María Teresa Fernández de la Vega se ha aparecido en una almena del castillo de Montjuic. Son avatares de la Historia y lo más curioso no es cómo se cuenta, sino cómo se borra. Un poeta catalán, Pere Quart, en su Oda a Barcelona da un sensato consejo lírico: «Trabaja. Calla. Desconfía de la Historia. Suéñala y rehazla». Los juicios definitivos se hacen esperar. Cuando se celebran ya han desaparecido los protagonistas y también los espectadores que no pagaron la entrada sino las consecuencias.