Diario de León
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MÁXIMO SOTO CALVO ASOCIACIÓN PRO-IDENTIDAD LEONESA
León

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PARA la reflexión que aquí me he propuesto, parto de la frase: «la conversación (PP/UPL) no se extenderá a los dos ex leonesistas...». De ella desgajaré hoy, no sin una apostilla imprescindible, la expresión que me he permito subrayar, pues encierra una confusión bastante extendida, antes de intentar adentrarme someramente en el meollo evolutivo del movimiento leonesista en forma de partido político. UPL. Aún sin sacar de contexto la citada expresión, y para el lector no avisado, tal parece que, dejar de militar en UPL, supusiera borrar de un plumazo el sentimiento de leonesidad o de leonesismo de quien ejerce ésa opción. O que el leonesismo fuera patrimonio exclusivo de ésa formación política. Sin duda estaban los primeros compases del movimiento político leonesista actual, cual si de una sonata se tratara, inmersos en una especie de romanticismo que, como leit motiv, en cada cual repetía la necesidad imperiosa de defender la tierra leonesa. Eran los momentos preautonómicos marcados por el leonés, Martín Villa, que sonaban como una amenaza incipiente, pronto una realidad dañina para todo lo leonés, al colocarnos anodinamente en la cola del ente. Estábamos camino de perder carta de naturaleza. Nos jugábamos territorio y personalidad. Y perdimos. Perdimos los leoneses, incluidos los políticos, que, ante los cantos de sirenas de las listas electorales, taponaron sus oídos para no escuchar al pueblo, al tiempo que sucumbían al empuje castellanizante del ente en marcha, y a él nos abocaban. En ellos y sólo en ellos, ejecutivos y ejecutores, radican nuestros males autonómicos. Aludo, naturalmente, en esta faceta, a los políticos ejercientes en partidos de ámbito nacional. El pueblo es el sufridor, su pecado, la tolerancia. Y perdimos los leoneses, en especial los leonesistas, que podemos ser todos, cuando dejamos manejar al señor Morano el movimiento reivindicativo, verdadero frenazo y marcha atrás para el leonesismo. Retirado éste de la escena leonesista, UPL toma el testigo del leonesismo, ese sentimiento a veces demasiado escondido en la sociedad leonesa, para encauzarlo como movimiento político. De Francisco lo promueve y preside. Su principal objetivo: la autonomía diferenciada para León. La finalidad estaba promulgada, la estrategia no bien definida, así cómo los tiempos y los cauces, y sin evaluación de mínimos. Corazón... todo. A medida que la formación política leonesista se va inmiscuyendo cada vez más en política, pura y dura, se relaja la atención a la parte sentimental. Ése estado anímico popular empieza a individualizarse, y perdiendo fulgor colectivo pasa a ser, cuando más, una expectativa en el costumbrismo o las tradiciones, un refugio gratuito. En la lid política municipal provincial, UPL, se entremezcla en apoyos, pactos y mociones de censura hacia uno y otro lado, legítimos, pero que preocupan al militante, enfrían a los simpatizantes y descolocan al votante. En el dintorno autonómico, UPL, en principio bastante más que un forúnculo enconado, se torna en un simple grano molesto pero previsible... sin contraponer un verdadero plan de autogobierno ad hoc, económico, social y con el sentimiento de ser subyaciendo, adquiere una tonalidad victimista, predecible y controlable. No es UPL un partido al uso, su argamasa no es ideológica, progresista o conservadora, es el sentimiento leonesista el que le debe modular, emanando del militante allende ideologías, y cultivado por los dirigentes. De ahí el peligro de los pactos, a una u otra mano, si éstos no llevan siempre una premisa: la cuestión leonesa, y supongan un paso hacia adelante en la reivindicación autonómica, la razón de existir de UPL. Tocar poder, municipal o no, abre un campo que peligrosamente distorsiona el objetivo. El marco más destacable, el municipal capitalino, debió ser una cancha donde poner en juego, siempre, siempre, con las pautas de una bien estudiada estrategia, los progresivos logros de connotación autonómica que nos hubieran permitido dar pasos afianzadores, con expectativa de futuro, plataformas para ir a más. La postura de UPL debió ser siempre la de colocar sobre la mesa negociadora, inexcusablemente, aquello que habrían de asumir sus interlocutores, PP o PSOE autonómicos y nacionales, referido al reconocimiento regional e identitario leonés y de los leoneses, quedando lo pactado de índole municipal condicionado a la asunción plena de aquello, y perfectamente recogido en el Estatuto, que de momento nos ciñe. El Plan Oeste anunciado, y parcialmente tangible presupuestariamente, no es fruto de ningún pacto o presión, es simple y llanamente voluntad personal del señor Zapatero. Cuando UPL pactó con el PP del entonces alcalde Amilivia, Octubre 1999, y lo que se nos vendió como inédito se quedó en promesas ya conocidas, que se sepa no se plantearon fehacientes premisas leonesistas. Dentro de la fidelidad a lo leonés, sólo los estrictos condicionantes aludidos justificarían a UPL mover ficha política ahora en el Consistorio de la capital. UPL, entiendo, no puede calibrar sus actuaciones en votos, debe ponderarlas en la coherencia ejemplarizante del sentimiento leonesista, la razón de ser y estar.

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