EL PAISANAJE
Blanco España
LA DEMAGOGIA en política es más o menos parecida a la «semana fantástica» de El Corte Inglés, sólo que antes de que se inventara el marketing. Luego vienen las rebajas. Y, como no hay ningún pispo de la parroquia que tenga la exclusiva, ya sea diputado o tendero, lo mejor es seguir la famosa recomendación del detergente Colon: busque, compare y, si encuentra algo mejor, vote. Esta semana no ha hecho falta buscar mucho. El leonesista Joaquín Otero ha propuesto a la consejera de Economía de la Junta que se encadene con él a la fachada del Banco de España en León, si el Gobierno insiste en cerrar la sucursal, la cual, a su vez, consta de media docena de empleados y una pareja dela Guardia Civil: los primeros atienden al canje de billetes falsos y los segundos vigilan la caja fuerte por si los gitanos, dicho sea sin ánimo de faltar al Tío Caquichu, patriarca de la raza calé por estos andurriales y honrado, donde los haya. Asegura Otero que la oficina es clave «y esencial para que León sea la capital financiera de la Comunidad». A saber dónde le dan a él los créditos, pero lo más probable es que no le fie nadie. Y, visto el panorama y comparando los planes de Aznar y Rodríguez Zapatero sobre la pobrina sucursal cazurra, le ha contestado la consejera Pilar del Olmo que «vamos a tener que encadenarnos los dos». En conclusión y mejorando la conseja publicitaria de Colom: si, al final, se encadenan juntos, servidor ni compra ni vota ni da un duro por ellos. Eso sí, se comería las llaves del candado.