LUZ INTERMITENTE
Trillo y Gallizo
TAN INSOSTENIBLE es que, después de lo conocido del accidente del Yak-42, el ex ministro de Defensa, Federico Trillo, continúe siendo diputado, como que, conocidos los primeros pasos del juez Baltasar Garzón en el sumario del grupo radical islamista Mártires por Marruecos, Mercedes Gallizo continúe al frente de la Dirección General de Prisiones. Porque si por acción o por omisión y, desde luego, por elevación, Trillo es el primer y último responsable de lo ocurrido con el Yak-42, Mercedes Gallizo es, por omisión o por torpeza y, desde luego, por elevación, la responsable de que el más grave atentado que puede cometerse contra la Justicia estuviera siendo preparado precisamente en las cárceles españolas, y sólo haya sido evitado por la meticulosidad del juez Garzón. Pero es que, además, Mercedes Gallizo, en una reciente comparecencia que tuvo lugar en el Senado acusó poco menos que de xenófobos a quienes cuestionaban la política penitenciaria que se aplica a los internos islamistas. Al parecer, para la señora Gallizo ni el 11-S en Nueva York y las relaciones de sus autores con España; ni el 11-M en Madrid y la pertenencia de sus autores al islamismo radical, aconsejaban practicar una estricta política de dispersión de los presos islamistas encarcelados en nuestro país. Quiero decir que en algún momento hay que tomar los hábitos democráticos y asumir con la dimisión irrevocable los errores, las torpezas y mucho más las mentiras, sin esperar a que los ciudadanos pasen la factura en un proceso electoral o a que, si las hubiere, se sustancien las responsabilidades judiciales sean éstas por hechos dolosos o culposos. Ni se pueden asumir políticamente sólo los hechos susceptibles de ser juzgados por unos tribunales, ni se puede negar responsabilidad política porque unos determinados hechos no tengan reproche penal. Mercedes Gallizo, que tenía una abundante trayectoria en defensa de los presos antes de que pasara a ocupar la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, se habrá dado cuenta de que la dispersión de reclusos terroristas y el famoso FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento) no es un capricho de unos carceleros sin escrúpulos -como algunos calificarían a los políticos que deciden la implantación de esos sistemas- sino que son instrumentos para evitar, por ejemplo, que desde las cárceles nos preparen la voladura de la Audiencia Nacional con sus jueces dentro. SI DENTRO de siete días los norteamericanos refrendan a George W. Bush como presidente, el mundo entrará en una etapa inquietante, porque el resultado de las urnas querrá d ecir que el pueblo norteamericano habrá legitimado la política de agresión que los EE. UU. han venido practicando bajo su mandato. Inquietante y perverso una vez sabido, como hoy sabemos, que Sadam Husein -un tirano regional como lo son o han sido tantos aliados de Washington ni poseía armas de destrucción masiva ni mantenía lazos con la organización terrorista Al Qaida. Si triunfa Bush, ante los ojos del mundo será tanto como decir que América ya no defiende causas justas, sino que, como dicen sus detractores: solo defiende intereses políticos y económicos. Los gobiernos de todos los países practican una doble moral, pero en este caso la situación sería mucho más grave al darse la circunstancia de que la perversión ha desembocado en tragedia. Y no hablo sólo de Irak, porque a la vista está que el Irak ocupado es un país devastado cuyos habitantes sufren más que cuando les gobernaba el tirano derrocado. Pienso, también, en todo el mundo árabe, lleno de odio y psicológica y socialmente más lejos que nunca de Occidente. La política de Bush ha reforzado a dictaduras injustificables como la del general Musharraf en Pakistán o regímenes medievales como el de Arabia Saudí, cuna, por cierto, del fundamentalismo wahabita, el gran caudal de islamismo radical en uno de cuyos afluentes navega el multimillonario Bin Laden, hijo del contratista del régimen de Riad. Eso en política, porque en economía el señor Bush no ha desaprovechado la ocasión para zaherir y desestabilizar a la vieja Europa, conscientes sus asesores -como sin duda lo están- de que una Europa con cuatrocientos millones de ciudadanos podría llegar a ser por una parte un lago de prosperidad y por otra un baluarte de defensa de los derechos humanos. Esos derechos humanos que tanto incomodan a los «neocons» que justifican Guantánamo. Dicho lo cual, me apresuro a consignar que, pese al apoyo explícito del Washington Post al candidato John Kerry y el no menos ditirámbico que le otorga el New York Times , lo cierto es que es George Bush quien va por delante en las encuestas. Caído el Muro y desaparecida la Unión Soviética, la historia no es el camino de rosas que nos habían prometido; en realidad va camino de comportarse de manera tan contradictoria como, a veces, lo es la propia vida; ésa que, según el decir del genial Eugenio D'Ors, es como la escalera de un gallinero: corta pero llena de mierda.