EL RINCÓN
Los amigos
CUANDO Marco Tulio Cicerón escribió sobre la amistad sabía de qué iba la cosa. No así cuando escribió sobre la senectud, ya que no le permitieron llegar a viejo: los sicarios de Marco Antonio decidieron acortar la vida de aquel pico de oro, hartos de filípicas. En sus inmarchitables páginas sobre la amistad nos dejó dicho que «vivir sin amigos no es vivir». Mucho antes, en el Eclesiastés, puede leerse que un amigo fiel es una fortaleza y el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. Es la doble suerte del ex secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera: cuenta con el tesoro de los auténticos amigos que supo merecer y, además, con el tesoro propiamente dicho del que supo apropiarse. Ahora, los primeros han acudido en tropel para defenderle, cosa que les honra. Los amigos son hermanos electos y hay que estar con ellos con razón o sin ella. ¡Es tan difícil coincidir en el tiempo y en el espacio! ¿Cuántos amigos nos hemos perdido sólo porque nacieron en otro siglo o en otro barrio?, ¿cuántas almas gemelas no hemos conocido porque vivieron en otro sitio o en otra época? Jorge Guillén, poeta mayor, dice en un lacónico poema que no hay más que amigos y que «lo demás es selva». Pues bien, en la jungla política coincidieron unas cuantas personas relevantes, a los que algunos llaman «la banda de Interior», que están acreditando ahora que eran dueños de un auténtico sentido de la amistad. Todos se querían como hermanos. Incluso como se querían los hermanos Dalton. A la iniciativa de Felipe González pidiendo el indulto de Vera se ha unido su hermano separado Alfonso Guerra. Y tras él han llegado Benegas, Acosta, Barranco y Fernández Marugán. Incluso Ibarra, que denuncia haber recibido amenazas de muerte, secunda la generosa iniciativa a la que se adscribieron en primerísimo lugar los ex ministros Barrionuevo y Corcuera. Ellos sabrán por qué. Yo lo que sé es que un hombre que tiene unos amigos así no debe ir a la cárcel, sólo porque haya robado. Tiene que tener libertad y tiempo libre para estar con ellos. Las lentas sobremesas con los amigos son una de las cosas mejores que nos consiente la vida.