Diario de León
Publicado por
JOSÉ CAVERO
León

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UN AUTÉNTICO espectáculo, lamentable y triste, están proporcionando al respetable las autoridades de las nacionalidades y regiones propietarias o depositarias de los idiomas catalán y valenciano. Ya conocen ustedes la historia: cuando se ha tratado de hacer ver a las autoridades comunitarias cuántas lenguas vernáculas y dignas de ser llamadas tales, en nuestro país, surgió el gran conflicto: ¿Tres o cuatro? Está clara la identidad y singularidad del vasco y del gallego. Pero, ¿son o no son la misma cosa el catalán y el valenciano, o son cosas distintas? Y aún se podría haber enconado más la cuestión si los baleares quisieran, a su vez, participar en esta misma guerra de lenguas y matices. Por fortuna, han hecho gala de su buen sentido y de su prudencia proverbiales. No así los catalanes de Maragall Y el presidente de la Generalitat de Cataluña, acosado por el nacionalismo rampante de Ezquerra Republicana de Cataluña, se ve en la angustiosa, y al mismo tiempo ridícula necesidad de recurrir contra su hermano del alma, el presidente del gobierno español, su correligionario y amigo Rodríguez Zapatero, a quien, a su vez, correspondió la estúpida iniciativa de llevar a Bruselas cuatro volúmenes con las correspondientes traducciones de la Constitución Europea en vasco, gallego, catalán y valenciano, y bien comprobado previamente que las versiones de estas dos últimas lenguas eran perfectamente idénticas, sin el menor matiz de distinción y caracterización propia. ¿Qué se hace ahora? Los tribunales dirán la última palabra, si alguna racionalidad superior no se impone y termina unificando, también, la denominación de la lengua de los territorios catalán, valenciano y balear. Cada uno de esos tres territorios alega en su favor que su propio estatuto de autonomía vigente admite, reconoce y determina que cada cual tiene su lengua específica y privativa: el catalán, el valenciano y el balear. Por razón de lo cual, cada uno de los respectivos gobiernos se ve con fuerza para recurrir ante los jueces contra los otros dos por razón de la utilización inadecuada de su lengua. El ridículo es magnífico. Tanto como el que pudiera suscitarse el día que a alguien se le empiece a ocurrir la no menos brillante idea de determinar cuál de las autonomías españolas es más histórica que las demás, un planteamiento que a menudo suele ocurrírseles a las mentes menos privilegiadas de los distintos nacionalismos propios. ¿Es más histórica Cataluña que Aragón, Euskadi que Navarra, Castilla León que Baleares, Andalucía que Extremadura? La relación de situaciones estúpidas puede ser interminable. Estamos llegando a la Torre de Babel.

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