AL TRASLUZ
Telefonazo
BUSH no se pone al teléfono a Zapatero. No es tan raro, a mí tampoco se me pone Sharon Stone. El presidente de Estados Unidos no lo hace porque está ocupado con su ego, la actriz porque está negociando la segunda parte de Instinto Básico . Nada personal, sólo negocios. Zapatero llamó porque era su obligación institucional felicitar al ganador en unas elecciones; la de Bush hubiera sido ponerse, pues la diplomacia es el arte de comer con quien discrepas, con los tuyos no tiene mérito. Ahora están en peligro no sé qué proyectos y recomendaciones multimillonarias. Las guerras suelen ser la antesala de los negocios, detrás de cada una de ellas se agazapa un mercado. Tampoco se le ponía a Domenico Modugno su señora, en aquella canción titulada El teléfono llora . Y qué, sobrevivió a ello. Mamita, si preguntan por mí, diles que no estoy, dice otro clásico. Se podrían citar muchos casos. Hay una larga tradición. Por lo visto, la conveniencia de implicarnos o no en la guerra se justifica realmente en eso, en negocios presentes, pasados y futuros. Lo de las víctimas y la destrucción parece ser lo de menos ante la realidad de las leyes de la economía. Y es que toda guerra oculta su letra pequeña y vergonzante. La Historia tiene esos túneles siniestros, que no suelen aparecer en los libros, aunque conducen a la verdad. Bush no se le pone a Zapatero. Algunos lo comprenden, incluso lo aplauden. Quizá sea mejor que no se ponga, demasiado cara nos iba a salir la conferencia. Más aún, con un poco de suerte dejan de reponernos El equipo A .