Diario de León
Publicado por
CARLOS CARNICERO
León

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ETA HA LLEGADO al final de su escapada porque ya no tiene capacidad de matar y su caldo de cultivo en la sociedad vasca está desesperanzado de la posibilidad de que el terrorismo tenga utilidad. Ahora los independentistas radicales buscan una salida política para que sus aspiraciones no caigan en el olvido. No hay un solo parámetro en la realidad vasca que permita a los violentos soñar con un futuro al margen de la legalidad y tal vez sea este un buen momento para impulsar la desaparición definitiva del terrorismo de origen vasco. Hay dos signos fáciles de interpretar. Arnaldo Otegui quiere negociar la participación de Batasuna en las próximas elecciones vascas, consciente de que una legislatura en condición de extraparlamentario le dejaría fuera del juego político. En principio lo tiene muy fácil: si él y los suyos constituyen un partido político o una agrupación electoral acatando la Constitución y las leyes y renunciado a la violencia, no existe obstáculo que pueda interponerse entre ellos y los electores. Ese gesto simbólico y legal sería definitivo. A lo que más puede aspirar Arnaldo Otegui es a que los mecanismos disimulen un poco su rectificación y acomoden su llegada a la democracia como un acto positivo. A enemigo que huye, puente de plata. Y el terrorismo, y no las personas, es incompatible con la democracia. Esta decisión de Otegui sería, además, una manifestación de su autonomía de los dictados tradicionales de ETA. El mundo abertzale siempre ha sido un escenario hegemónico de la parte militar del terrorismo. Quienes manejaban las huchas y las armas, que eran los mismos, porque la recaudación tributaria del terrorismo se hacía a punta de pistola, ya no tienen capacidad de imponer nada porque se han quedado sin goma-2 y sin dinero. Sin la sombra amenazante de ETA las ideas se quedan libres sin posibilidad de circular con el amparo del terrorismo. Quienes quieran la independencia de Euskadi tienen y siempre han tenido la posibilidad de ejercer su proselitismo sin el amparo del terror. Es hora también de que podamos saber cual es el alma profunda de los ciudadanos vascos, que sin coacciones ni amenazas, puedan imaginar su futuro en libertad. Por primera vez en democracia, los vascos, todos los vascos, podrían ejercitar su elección sin mirar de reojo el gesto de su vecino. Nada sería mejor para todos que unas elecciones con Batasuna en las papeletas, porque la ausencia de la representación de cualquier sensibilidad disminuye nuestra capacidad de ser libres. Otegui y los suyos lo tienen fácil. Solo tienen que decirnos a todos que renuncian a la barbarie. Lo demás viene rodado.

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