Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

El otoño de los proyectos

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EL OTOÑO es la estación más maravillosa en la imaginaria República Independiente del Bierzo. Los ríos de chopos, de castaños o de carballos mudan de color dependiendo del grado de inclinación de los rayos de sol, y sus cauces caducifolios cambian de dirección a capricho de cualquier ataque gélido de tos del Catoute, del Pajariel o del pico Montouto. El otoño es en la república comarcana la metáfora supina de los contrastes, que como ha acaecido la última semana parece que alcanzan a muchos otros ámbitos de la vida social, política o económica. Pero ni en otoño, ni en primavera, ni en verano se acercan los ministros a las cuencas bercianas. Y no es una cuestión de colores. El jefe Montilla visitó La Robla y prefirió el gris del cemento al negro del mineral que sigue dando la vida directamente a 3.000 familias. El sarpullido que parece provocar la antracita a los responsables de las carteras de Industria y Economía de este país tiene tintes endémicos políticamente hablando. Una vez asistí a una intervención de Rato en un foro energético ante altos ejecutivos. No fui capaz de anotar ni una vez la palabra carbón. La marcha negra llegó a Madrid, pero nadie quiso agasajarla en La Moncloa. Y siendo ministro el señor Piqué, antes de negociar el Plan del Carbón, recuerdo que tuvo los «cuyons» de acudir a un sarao en la casa grande de Fontei -en A Rúa- con todas las carreteras del Bierzo melladas de barricadas de fuego, aún a costa de rodear un pico de kilómetros. Luego, Rato «amenazó» con inaugurar la que hoy es la mayor empresa del sector industrial de León, la eólica de LM, pero tampoco se le vio ni la tonsura. Así que lo de Montilla ya no sorprende a nadie, a pesar del cabreo de los dirigentes de Comisiones, que por cierto tienen gran parte de razón al plantear que en el próximo plan debe primarse sobremanera a los municipios carboneros a la hora de subsidiar la reactivación. Pero no toda. Es justo que los municipios no afectados directamente por los ajustes de empleo, aún siendo colindantes, no vean un euro para infraestructuras o servicios. Pero es un dislate que cuando acaba de presentarse el macropolígono de Cubillos, el mayor de Castilla y León, se pueda elucubrar con la posibilidad de que las empresas que deseen instalarse en dicho polo puedan tener menos respaldo para obligarlas a situarse a pie de tajo. De cualquier población carbonera del Bierzo al futuro polígono no median más de 30 kilómetros, y en la mayoría de los casos por autovía. Pero es que a los propios sindicatos, como a los ministros, la realidad de las cuencas les pilla cada vez más lejos. Y las centrales son las primeras que hace ya mucho tiempo que dejaron de celebrar asambleas en Bembibre o en Torre. Yo confío ciegamente en el efecto mimosín de Zapatero sobre asperos ministros como Montilla a la hora de hacer perdurar el carbón. Pero me inquieta, y mucho, que de los 311 millones que se anunciaron para la Ciudad de la Energía de Ponferrada el jefe de la cartera no diga ni pío. Lo mismo que el PP de completar la autovía a Villablino. ¿Serán los espejismos otoñales de la república?

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