AQUÍ Y AHORA
Romper los huevos
COMPARTO con el presidente del Gobierno el temor al enfrentamiento. Temor al enfrentamiento no es cobardía, sino deseos de paz y de conciliación. Temor al enfrentamiento es conocer, de antemano, que los enfrentamientos pueden derivar en complicaciones imprevistas que enquisten y hagan más difíciles las soluciones de los problemas. Y, por eso, entiendo que aplace decisiones, escape de las rotundidades, sortee firmezas, y cultive la ambigüedad. Pero hay momentos en los que es imposible eludir una respuesta clara, instantes en que es necesario quitarse el quizás y pronunciarse por el sí o por el no, a pesar de que sepamos que la afirmación o la negación derivará en simpatías y antipatías, en el nacimiento tanto de amigos como de enemigos. Llegan circunstancias en las que no queda más remedio que hacer una tortilla, y para hacer la tortilla se requiere romper los huevos. Cuesta, al principio. Como cuesta al juez primerizo su primera sentencia, o al profesor su primer suspenso. Igual que no se puede estar un poco muerto, o un poco embarazada, o medianamente virgen, tampoco es posible que seamos un poco españoles, o algo españoles, o españoles sólo los lunes, miércoles y viernes. Si se va a reformar la Constitución habrá qué decir en qué términos, de qué manera y en qué plazos. Y explicarlo. La Constitución no es sagrada, por supuesto. Por eso mismo, es una obligación laica conocer si vamos a ser una nación, un estado federal, confederal, o una agrupación lúdico-deportiva cohesionada por Zara y El Corte Inglés. O sea de qué va a ser la tortilla. Y romper antes los huevos.