LA VELETA
Lealtad en la discusión
EN ESPAÑA puede afirmarse que es de noche cuando más brilla el sol. El discurso político no es permeable a la evidencia. Se repiten eslóganes independientemente de que contengan afirmaciones imposibles. «No descarto que ETA esté detrás del atentado del 11-M». «Tenemos que llegar a saber quién fue». «Es necesario conocer al autor intelectual de la tragedia de Madrid». Las frases se repiten aunque contengan principios imposibles. Entonces, cuando la reiteración de los eslóganes ha cuajado, ya no importa que la información contrastada desmienta las falacias expandidas. «Los socialistas quieren manipular el nombramiento de los jueces». Es difícil desostener que una manipulación se asiente en un consenso más amplio: donde antes bastaba una mayoría simple se hace necesaria una de tres quintos. Y sin embargo, lo que dificulta la manipulación de quienes pasan la apisonadora por un voto más, se convierte en la manipulación de quienes necesitan ganar más voluntades para poder decidir. Una vez establecida esta dialéctica en la que la razón se somete a los dictados repetidos aunque sean imposibles, los matices se hacen inservibles. Si hemos aceptado que José María Aznar ponga en duda la voluntad del estado, no solo del gobierno, de investigar el atentado de Madrid, cualquier propaganda se puede hacer camino con la sola condición de que sus portavoces no flaqueen nunca a la hora de repetir formatos imposibles. Frente a est e desparpajo con la verdad, no es fácil hacerse camino con los hechos, porque quienes son capaces de formular hechos falsos como si fueran ciertos, no pueden ser vencidos en una democracia mediática, en donde la propaganda siempre es más poderosa que los razonamientos lógicos. Ahora el PP amenaza con no apoyar ningún proyecto de Política Exterior porque se siente ofendido por las acusaciones del Ministro Moratinos. A casi nadie le interesa averiguar si lo que dijo el Ministro de Exteriores era cierto, porque se ha convenido en que eso no importa, solo en la capacidad del PP de sentirse agraviado. Con estos parámetros tramposos, solo queda imitar los procedimientos en un universo en el que la verdad ya no es importante porque solo cuenta lo que sea capaz de abrirse paso en la sociedad. No importa que sea de día y el sol abrase si enfrente hay corifeos que repiten que es de noche; llegados a un punto, mucha gente está dispuesta a no ver el Sol aunque su luz sea cegadora. Si no hay lealtad dialéctica, no puede haber entendimiento.