LA VELETA
Senda de perdición
VAMOS por mal camino. La bronca instalada entre PP y PSOE es un mal asunto para todos. Los enfrentamientos en la Comisión del 11-M han envenenado el ambiente. La comparecencia del presidente del Gobierno sólo ha servido para ensanchar el foso que les separa. Los populares no van a firmar pacto alguno con los socialistas. Lo dejó claro Eduardo Zaplana, su portavoz parlamentario. Pierde el tiempo Rodríguez Zapatero si insiste. Ignoro lo que piensa Mariano Rajoy (que, por cierto, debería haber estado en la Comisión), pero los Zaplana, Acebes, Aguirre, y demás componentes del núcleo duro están por apretar las tuercas. Al Gobierno, ni agua. Parten de un análisis de la situación política que les lleva a la conclusión de que Zapatero no podrá aguantar cuatro años en La Moncloa. Las contínuas exigencias de Esquerra Republicana en el Congreso y lo visto en el Senado dónde los nacionalistas del BNG ,PNV y CiU apoyaron a los populares rechazando el proyecto de Presupuestos, les anima a pensar que el PSOE no aguantará la Legislatura y se verá forzado a anticipar las elecciones. Por eso juegan tan duro. Necesitan creer que fueron los atentados del 11 M los que provocaron el vuelco electoral del 11 de marzo. No les pasa por la cabeza que la derrota les alcanzó porque mucha gente ,quizá, estaba harta de las maneras autoritarias de Aznar; que la despótica gestión de la crisis del Prestige, la huelga general y, sobre todo, meternos en la guerra de Irak eran otras tantas ocasiones en las que el PP se enajenó el respaldo de miles de personas. Al final Rajoy pagó las cuentas de Aznar (como reconocen en privado algunos dirigentes populares), pero nadie se atreve (todavía) a decirlo en voz alta porque Aznar sigue mandando mucho en el partido. De hecho no se ha ido del todo y su sombra es la que hace que el papel de Rajoy como líder quede un tanto desdibujado. Estan en la confrontación total, a la espera, como digo, de que Zapatero se quede sin oxígeno a media legislatura pero se nota claramente que Mariano Rajoy no se encuentra cómodo en el guión. Lo de dar caña se aviene mal con su retranca gallega, es hombre más de florete que de sable de abordaje. Por eso está Zaplana en primer plano chupando cámara, porque al cartagenero -como antaño sucedía con el desaparecido Javier Arenas- le va la marcha. Lo mismo que a Alfredo Pérez Rubalcaba, su gran antagonista al otro lado de la mesa. Convendría que se sosegaran. La política no puede ser una senda de crispación. Están para resolver los problemas, no para crearlos. Menos mal que España, afortunadamente, va sola y nos sobrevivirá a todos.