EN POCAS PALABRAS
Turquía
ES DIFÍCIL de entender que la «Vieja Europa» muestre tantas vacilaciones a la hora de admitir a Turquía en su seno. Desde el punto de vista geográfico, que es arbitrario pero objetivo, no cabe duda de que una parte de Turquía es Europa, aunque se extienda también y sobre todo por tierras asiáticas. Desde el punto de vista político, en la actual situación geoestratégica del mundo, parece claro que su exclusión abonaría gravemente el «choque de civilizaciones» y arrojaría a aquel gran país, de religión musulmana, en manos del integrismo victimista y perturbador. Su ingreso en la Unión sería la mejor prueba de que la pluralidad religiosa y cultural no tiene por qué ser conflictiva si están bien instalados los valores y principios democráticos: la tolerancia y el respeto en primer lugar.