Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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LA FAUNA ibérica presenta criaturas tan dignas de estudio como el gran Luis Aragonés, nombrado seleccionador nacional con el supuesto propósito balsámico de reconducir las formas y el fondo del fútbol nacional. A pesar del ego exacerbado de Zapatones, según se le conocía en su etapa como futbolista en activo, casi todo el mundo le consideraba un tipo capaz de mandar y hacer, cuya veteranía espiritual garantizaba una especie de contrato satisfactorio con la opinión pública. El balompié no deja de ser un circo surrealista y entre los muchos logros profesionales de Luis, cacareados por él mismo en infinitas ocasiones, se cuentan los besos de fingido amor que lanzaba en el campo al defensa alemán Beckenbauer durante la final de la Copa de Europa que disputó el Atlético. Según su particular versión, todo un alarde de picardía que supone una forma como otra cualquiera de desestabilizar al equipo contrario. Lo que se le olvida a semejante vendedor de felicidad balompédica es que, pese a todos sus arrumacos, perdió el Atleti. En esta misma deriva hacia el disparate, y mientras el equipo sigue teniendo más fallos que un despertador barato, se creyó autorizado para emitir frases racistas y otras verdades importantes sobre la condición humana, con el único resultado práctico de que los jugadores oscuros están viviendo un calvario por esos campos de Dios, donde son insultados y reciben el tierno agasajo de la burla del mono. Ahora, a modo de elegante aguinaldo navideño, Luis acaba de decir que la culpa de todo la tienen los periodistas, por oír lo que no deberían haber escuchado. Gran hombre Zapatones, el colmo de la sofisticación personal y futbolística. 1397124194

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