EL RINCÓN
Tres veces más
NO SE PUEDE decir que el nuevo año nos haya sorprendido: se le ha visto venir, paso a paso, durante todo el anterior. Un bisiesto que no ha desmentido su infausta leyenda. Ni siquiera los que malinterpretan al grandioso poeta y excelente hijo Jorge Manrique, creen que «cualquiera tiempo pasado fue mejor», olvidando que él anteponía eso de «a nuestro parescer». Pero ciertamente algunos aspectos del irreparable ayer eran más satisfactorios: hace diez años había menos gente triste en España. Dicho de otra manera: el consumo de antidepresivos se ha triplicado en la última década. Nunca sabremos si verlo todo negro es una deformación óptica o una forma de lucidez, pero sabemos que no conviene tener ese punto de vista. Quienes están convencidos de que nada vale la pena puede que lleven razón, pero llevan una vida penosa. Además, la tristeza no se remedia con pastillas. Algunos teólogos medievales la consideraron pecado. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, en su ingenuidad, ha encargado a la Agencia del Medicamento un informe que determine los motivos que han llevado a la población española, o sea, al gentío, que dice Paco Umbral, a triplicar el consumo de antidepresivos. ¿Por qué ocurre eso?, ¿ha disminuido el coeficiente colectivo de alegría o ha aumentado el número de fármacos? Menos Prozac y más percebes. Habló mi dilecto Manuel Machado de «lo triste que es estar triste». Hay personas que piensan que cuando se tienen motivos carece de mérito la pesadumbre y lo que es verdaderamente meritorio es estar hecho polvo sin causa. Los que estamos persuadidos de que ni la carne es triste ni hemos leído ya todos los libros, ni siquiera los de nuestros amigos novelistas, no debemos caer en ese estado y menos regodearnos en él. Ya sé que es fácil decirlo. Por estas fechas nos invade a muchos una pegajosa melancolía, fronteriza del abatimiento, y abundan los balances vitales que llevan al suicidio. ¡Arriba los corazones! Las cosas del alma se curan con más alma. Inflarse de antidepresivos es deprimente.