LA VELETA
No hay trato
UNOS LO vieron antes y otros después. Pero hoy nadie alberga la menor duda de que la última tregua de ETA fue una tregua trampa. Mintieron para poder rearmarse y reorganizarse tras el estado de extrema debilidad en que les había sumido la eficacia policial y judicial, y la firmeza política. Y, lo consiguieron. Seducidos por la esperanza de la paz, bajamos la guardia. Pronto sabremos si hemos aprendido la lección. Si no estuviese, otra vez, débil, gracias, otra vez, a la firmeza del Estado de Derecho, ¿habría ofrecido ETA la nueva tregua que acaba de ofrecer? Yo creo que no, que ETA ahora busca... lo mismo que con «la tregua trampa»: tiempo. ¿Qué hace la banda cada vez que hay elecciones o que algo se mueve políticamente en Euskadi? Tratar de intervenir por cualquier medio en el debate político para dejar claro que siguen ahí y no van a consentir que otros se «coman» las «nueces» del árbol que ellos llevan más de treinta años moviendo «a tiro limpio». ¿O cree Ibarretxe que, conseguido su «Estado libre asociado», ETA se iría a su casa y dejaría al PNV disfrutar a solas del «festín»? Ahora mismo, en Euskadi, concurren las dos circunstancias que acabo de mencionar: algo se está moviendo políticamente, y hay elecciones autonómicas vascas a la vista. Fortalecerse «por lo que pueda pasar» es, en mi opinión, lo que busca la nueva oferta de tregua de ETA; no «la paz». ¿Hay alguna posiblidad de que esto no sea así, existe aunque sea una remota posibilidad de que, en esta ocasión, porque se han convencido de que matando no van a ningún sitio o porque no ven forma de «reorganizarse», la tregua vaya «en serio»? Si este fuera el caso, ETA tendría tan fácil como Batasuna sacarnos de dudas. ¿Qué tiene que hacer Batasuna para que creamos que apuesta por las vías pacíficas y democráticas? Condenar el terrorismo de ETA. ¿Y, qué tendría que hacer ETA para que nos creyésemos su tregua? Lo diré, no con mis palabras sino con las infinitamente más autorizadas de un importante miembro del actual Gobierno. «Una tregua es una cuestión de declaración y de acreditación. Y, para acreditarla, ETA tiene que entregar todo lo que tiene. Las armas. No hay trato: ETA deja las armas, y luego ya veremos lo que hace el Estado». Pues, eso. El nombre de este ministro no lo puedo dar porque el encuentro era off the record; pero, sí por su boca, como yo creo, hablaba el presidente del Gobierno, estamos de enhorabuena. 817 muertos (y ni se sabe cuantas mentiras) después, con Batasuna y ETA, en mi opinión, no cabe una sola ingenuidad... más.