Diario de León
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ANTONIO CASADO
León

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ANTE una sociedad profundamente dividida frente a la política exterior diseñada después de los salvajes atentados del 11-S, George Bush jura hoy su cargo de presidente de los Estados Unidos para un periodo de cuatro años más. Las ceremonias se llevarán a cabo en Washington, un área donde los demócratas barrieron en las urnas del noviembre con un 90 % de votos favorables a Kerry. Todo un símbolo del malestar de la sociedad norteamericana, tan adicta a los símbolos. De lo que nos espera para este periodo de «four more years» algo anticipa la responsable de la política exterior del equipo, Condolezza Rice, nueva en este cargo, con contrastada fama de dura y que sustituye a un hombre, Colin Powell, con fama de moderado. O sea, que vamos mejorando. En su comparecencia ante el Senado, que es preceptiva para obtener el acuerdo de la Cámara a su nombramiento, la nueva secretaria de Estado norteamericana anuncia que está dispuesta a potenciar el diálogo con los aliados. Es decir, más diplomacia y menos prepotencia. Ojalá se cumplan estas buenas intenciones. Porque lo cierto es que no acaba de verse una apuesta clara por el multilateralismo, pero al menos cabe suponer una cierta intención política de rectificar el estilo de ordeno y mando -que los expertos denominan unilateralismo- que caracterizó a la Administración republicana en los tres últimos años. Además dice Rice que también se redoblará la vigilancia sobre los estados gamberros. Lo que antes se llamaba «eje del mal» ahora, al parecer, se llamarán «bastiones de la tiranía». Más civil y menos teológica la carga del concepto utilizado para caracterizar al enemigo. Bueno, algo es algo, pero la verdad es que no mucho, sobre todo si echamos un vistazo al censo de las tiranías elaborado por el presidente George Bush. A los ya consabidos Irán y Corea del Norte, se añaden Bielorrusia, Zimbawue, Birmania y Cuba. Alguien nos explicará por qué, al hablar de tiranías, valen las citadas y no valen, por ejemplo, China, Guinea Ecuatorial, Marruecos... y tantos países donde la libertad o el respeto a los derechos humanos se toman a título de inventario. Además, Rice ha hecho una reveladora asimilación del enemigo de la civilización en el siglo XX -fascismo y comunismo- al enemigo de la civilización en el siglo XXI, que es el terrorismo internacional. Pero me temo que nos equivocaríamos si dedujéramos que, ante este guión previo, todo será mejor y más previsible en estos próximos cuatro años.

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