LA VELETA
Todos contentos
COMO ES HABITUAL, una vez efectuado el primer análisis de los resultados de una consulta a la ciudadanía, las distintas fuerzas, en voz de sus correspondientes líderes, han expresado su propia felicidad y satisfacción y han aprovechado la ocasión para atacar al adversario como culpable de cualquier hipotético mal resultado. Rodríguez Zapatero y José Blanco se han mostrado felices con el abultado y contundente sí obtenido en las urnas del domingo. Incluso la participación, con ser escasa, la dan por buena: se había temido que oscilara entre el 35 y el 40%, de manera que haber superado el 42, y quedar a sólo un par de puntos de las elecciones para elegir Parlamento Europeo, proporciona alto grado de satisfacción y felicidad sin límite. «El resultado hace más fuerte a España en Europa y más fuerte a Europa». Mariano Rajoy y Ángel Acebes parece que ya habían escrito el guión de sus reacciones antes de conocer el detalle de los datos finales del escrutinio, y ya se sabía de antemano que el triunfo del sí era mérito propio y la baja participación era causa directa de la imprevisión, impericia e inactividad de Rodríguez Zapatero y de su Gobierno. En cuanto a Gaspar Llamazares, se atribuye en exclusiva el mérito de haber logrado un 17% de noes, olvidando que esa postura la mantuvieron algunas otras fuerzas, como las nacionalistas radicales, y se sospecha que la practicaron no escasos militantes del PP, tal vez incluso algunos de sus dirigentes que quisieron golpear al Gobierno. No conviene olvidar el detalle de que el rechazo ha sido muy alto en los barrios más conservadores de Madrid, y que el voto negativo fue mayor en Madrid capital que en las localidades del cinturón industrial. Ni cabe pasar por alto que en Cataluña los noes llegaron a suponer el 28 %, y que Carod aspira y pretende emplear ese paquete de noes, según ha dicho, «para presionar a Zapatero en favor del Estatut». O sea, que cada cual sigue su juego y va a su bola. Y se apunta en beneficio propio el tanto de que haya vencido el sí, el no o la abstención, en una nueva interpretación singular y apreciablemente risible de unos datos básicos indudables y poco discutibles: Primero y principal, que fue rotundo el sí de los votantes. En segundo lugar, que, ciertamente, no acudieron a los colegios electorales todos los deseables, pero sí más de los que se habían sospechado y previsto. Y tercero, que si los padres del sí eran PSOE y PP, esencialmente, el no y la abstención tuvieron variada y confusa paternidad. Incluidos algunos presuntos impulsores del voto favorable, deseosos, antes que ninguna otra cosa, de dar un coscorrón al adversario político.