EL BALCÓN DEL PUEBLO
Hola, ¿cómo estás?
NO HUBO reunión bilateral entre el presidente norteamericano, George W. Bush, y el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, en Bruselas. El amo del mundo, en su gira por Europa, llegó a Bruselas para celebrar dos cumbres: con la Otan y con el Consejo de la Unión Europea. Se han calificado como las cumbres de la reconciliación, tras la invasión de Irak, donde cada día, dos años después, continúa el goteo de sangre y destrucción. En el discurso de la víspera, Bush citó a toda la «vieja Europa» por su nombre y a otros países menores e ignoró a España. Sólo mencionó la magnífica gestión de Javier Solana en favor de desenhebrar la trenza de Ucrania. Los halcones de Condoleezza Rice borraron del discurso el nombre de España. Todavía siguen abiertas las heridas. El gigante no ha soportado la sublevación del enano. La retirada de las tropas españolas de Irak permanece en las retinas de la Casa Blanca como una ofensa. La bota del Imperio no perdona. Aprieta el cuello del que ose respirar otros vientos. No importa si tropas españolas colaboran en Afganistán o si España es como un inmenso aeropuerto para los aviones estadounidenses. Lo que queda es el gesto del desafío. La política, muchas veces, se sustenta sólo en gestos y cómo sean interpretados. El líder de los populares, Mariano Rajoy, sabía de fuente segura que ayer no habría encuentro del presidente Rodríguez Zapatero con Bush. Tiene línea directa a través de Aznar. Por eso le sacudió la badana en la víspera. Calificó de «nefasto para España» que Zapatero no pueda hablar con el presidente de EE.UU. diez meses después de ser inquilino de La Moncloa. Rajoy aprovechó el desencuentro para ejercer con extrema dureza como líder opositor. No lo consiguió en el referéndum y lo ha intentado de nuevo. En esta ocasión, con más crédito. Correcto. Pero Mariano Rajoy, aunque ha ocupado muchas carteras en el Gobierno popular, pero nunca la de Exteriores, también sabe que la diplomacia es como una dama: hoy te dice quizá, mañana ya se verá, y por último, que sí. El encuentro bilateral Bush/Zapatero acabará celebrándose. Dénlo por hecho. Ya lo garantizaba ayer Jacques Chirac, presidente de Francia, en Le Monde . Recomendaba al jefe del Imperio no meter el dedo en la herida de España. Eso propiciaría alineamientos europeos, cuando el horno no está para bollos, máxime cuando Bush acudió a Europa para sellar la reconciliación, no para tensar otras cuerdas. Seguro que Bush, como aquel Juncal vividor, tomó nota. Rodríguez Zapatero y Bush coincidieron ayer en la cumbre del Consejo de la Unión Europea. Todas las cámaras tenían fijadas sus lentes en ambos mandatarios. Es difícil que en un foro tan encorsetado, no se crucen miradas, gestos, saludos. Hoy unos medios informativos contarán cómo Bush y Zapatero ejercieron la cortesía más fría. Otros interpretarán que fue cálida. Y no faltarán los que lleven al titular el desprecio de Bush a Zapatero, que no a España. El saludo fue de escasos segundos. El presidente norteamericano, en perfecto «spanglish», tendió la mano a Zapatero: «Hola, ¿cómo estás?». Respuesta: «Yo bien, ¿y tú?». Y ahí murió la reunión bilateral imposible en estos momentos. Tras los invernos, siempre eclosionan las primaveras.