Diario de León

DESDE LA CORTE

Apariencias de apaño que atufan

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FERNANDO ONEGA
León

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¡AY, CATALUÑA, Cataluña! Durante toda la etapa democrática ha sido un ejemplo de buen estilo, serenidad y buen hacer ciudadano. Hoy, por culpa de los manejos políticos, no sabemos qué es: o reino del consenso, o capital de la «omertá», es decir, el pacto de silencio. Hace dos días, su presidente, Pasqual Maragall, era un hombre cercado por la Justicia y el Parlamento. La principal fuerza de oposición, CiU, había presentado una querella contra él por injurias y calumnias. El representante del españolismo, el PPC, había presentado una moción de censura. Ayer no existían ni la una ni la otra. CiU había retirado la querella, Josep Piqué retiró la censura antes de someterla a votación. Ni los azucarillos se diluyen en el agua con tanta facilidad. En el caso de la querella, lo único que tengo claro es que Artur Mas no tenía ningunas ganas de mantenerla. Bastó que el President pidiera excusas a la sociedad catalana -no a CiU que era la ofendida por su acusación del 3 por 100-para que el señor Mas se diera por satisfecho. En el caso de Piqué, los elementos se han conjurado contra él. Hizo, según dicen, el discurso más duro que se ha dicho en aquella cámara contra un presidente de la Generalitat, pero el apaño entre Mas y Maragall lo barrió del primer plano. Parecía que no hubiese presentado la moción. Realmente, no valía la pena someterse ayer a una votación que sólo conseguiría mostrar la pequeñez de su grupo. ¿Y por qué he escrito la palabra «apaño» para definir lo ocurrido entre Mas y Maragall? Por el argumento que tantas veces he citado de Leopoldo Calvo-Sotelo: «en política, lo que parece, es». Y aquí las apariencias brillan como el sol de mediodía. Lo ocurrido tiene un aire de pacto secreto que atufa. Uno de ambos es el paciente que se sienta en el sillón del dentista, lo agarra por sus partes y le dice: «no nos vamos a hacer daño, ¿verdad?». Y encontraron esa fórmula de las disculpas genéricas, como dos caballeros que enfundan sus pistolas y se dan la mano en pleno duelo. Ni Maragall insistió en sus insinuaciones, ni Mas siguió de reina ofendida. Padrinos y testigos pueden retirarse. ¿Queda así rebajado el suflé? Formalmente, sí. Josep Piqué no contaba con esta salida cuando elaboró su discurso ético o cuando propuso, con tanta ingenuidad, medidas legales para combatir la corrupción. No contaba con que aquello era la consulta del dentista. El escándalo del 3 por 100 ya sólo es un asunto del fiscal Mena. Sabremos de las comisiones por los testimonios de empresarios «paganos» que las quieren revelar. Y las prácticas que tienen tanto que ver con el cohecho, si han existido de verdad, pasan a engrosar el larguísimo capítulo del rumor. Buenos días, omertá.

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