Diario de León
Ana Gaitero
León

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QUE el Ayuntamiento de León eleve a los niños a la categoría de Patrimonio de la Humanidad no sé si es un signo esperanzador o simplemente un recurso publicitario para un día y para una foto con motivo de la Semana del Menor (¿?). Patrimonio es la hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes, una propiedad, un bien. Y con tal significado la Unesco ha creado las figuras de patrimonio mundial, natural, cultural para proteger el planeta, su naturaleza amenazada y los bienes culturales, frecuentemente despreciados y abandonados, incluidos los inmateriales, la cultura popular, las lenguas y la tradición oral en toda su vasta riqueza. «La tierra es nuestra madre, el águila nuestra patria», dice un relato Gagudju (Australia). Y la infancia es, en todo caso, la semilla de la humanidad, algo más que un bien patrimonial. El eslogan sería acertado si la intención fuera mantener en el engranaje de la sociedad al menos alguno de los valores genuinos de la infancia. La idea es, me temo, pasar la mano por encima de los niños y niñas durante unos días señalados; enumerar una ristra de derechos y deseos, pero en el gobierno del día a día de la ciudad, mirar para otro lado. La ciudad de cartón construida por los niños y niñas ha quedado encerrada en el gimnasio del instituto Juan del Enzina por la amenaza de lluvia, apartada del ojo fotográfico y de los pasillos municipales. Es una pena que el Ayuntamiento no organice excursiones de mayores, especialmente de concejales, para que recojan alguna idea aprovechable cara a sus programas electorales.

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