Diario de León
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ESTHER ESTEBAN
León

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DICE EL presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda -sucesor del carismático José Bono- que él no tiene ninguna necesidad de matar al padre porque su sombra, lejos de ser alargada, y por lo tanto amenazadora, es una sombra amiga. La aclaración la hizo en presencia del padre, del mismísimo ministro de defensa, en el madrileño Club Siglo XXI. No hay razón para el parricidio sobre todo porque en la relación de ambos no ha sido ni la del padrazo indulgente con su hijo ni la del padrastro que ha machacado cualquier iniciativa del primogénito para ocultar su altura intelectual. En política, la sucesión se torna compleja y no ha habido ningún presidente de la democracia, ni en Moncloa ni en las autonomías, que haya sabido encontrar su sitio de manera acertada cuando ha perdido el poder. El quid de la cuestión ha estado siempre en que ninguno ha tenido la suficiente altura de miras ni la generosidad necesaria para situarse fuera de foco y dejar que el sucesor ocupe el primer plano. El tiempo dirá si con Bono y Barreda ocurre lo mismo y sobre todo, si éste es capaz de seguir manteniendo o no el feudo socialista de Castilla-La Mancha donde las urnas han favorecido al partido del puño y la rosa durante más de dos décadas. De entrada no hay fisuras, aunque sin matices interesantes en el discurso ideológico de ambos que darán mucho que hablar. El primero ha convertido la comunicación en un arte y el segundo -que ha trabajado incansablemente la puesta en escena de todo lo que hacía su jefe de filas- ahora debe hacerlo para él y mirarse sólo ante el espejo sin ver reflejada la sombra del padre. Y Barreda lo sabe.

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