LA VELETA
La apuesta del norte
LA APUESTA está siendo arriesgada, pero merece la pena. Esta idea vendría a resumir el estado de ánimo y la expectación generada tras la entrevista del presidente Zapatero con Juan José Ibarretxe, el lendakari. En el entorno de La Moncloa se da por finiquitado el plan soberanista que impulsaba el dirigente nacionalista vasco. Es el resultado de la aritmética electoral -recuerdan algunos- pero, también el fruto del talante negociador del presidente Zapatero, matizan otros. Podría ser una mezcla de todo, porque, a la postre la política es eso: aprovechar las ventajas que otorga la debilidad del contrario. El caso es que tras la entrevista (se anuncian más), parece que podría abrirse un nuevo marco político en el País Vasco. A partir del otoño si, como parece, Ibarretxe consigue ser reelegido, pondría en marcha una «mesa de partidos» -de todos, sin excluir al Partido Comunista de las Tierras Vascas- para elaborar un proyecto de nuevo Estatuto. Aunque nadie se atreve a hablar claro, lo que se detecta es que está muy extendida la idea de que más pronto que tarde, la ETA podría anunciar un tregua. A partir de ahí se disparan todas las esperanzas y también, lógicamente, todas la cautelas. No es la primera vez que la organización terrorista monta un escenario tramposo que a la postre trata de aprovechar para recuperar fuerzas. Sea lo que fuere lo que nadie puede negar es que ya no estamos como estábamos antes de las elecciones vascas. En el ambiente se palpa un temblor de vísperas y eso, en política, a unos políticos les acelera los latidos del corazón mientras que a otros les pone de mala leche. Sería el caso en este momento de algunos dirigentes del Partido Popular. En 1998 el PP negoció abiertamente con la ETA y antes de que la banda hiciera público el comunicado de tregua, hubo contactos preliminares. Hace poco se recordó un encuentro que tuvieron en Burgos, los señores Arriola y Martí Fluxá con el batasuno Arnaldo Otegi. Arriola asesor de Aznar (ahora lo es de Mariano Rajoy ) y Martí Fluxá era el número dos de Interior. A juzgar por las cosas que dice estos días el secretario general del PP, ya se ha olvidado de que hace siete años, cuando se produjeron aquellos contactos (que luego dieron lugar a un encuentro en Suiza ya con Mikel Antza, el jefe de la banda terrorista), él, Ángel Acebes ya era ministro y pertenecía al Consejo de Ministros cuyo presidente, había autorizado los contactos. ¿Será este un caso más de aplicación de la ley del embudo como en el caso de Fraga recibiendo en su despacho a Raúl Castro, el hermanísimo del dictador cubano? O, va más allá, hasta pensar que aquél que resuelva el problema del Norte le puede pasar lo que a Blair, que va ya por el tercer mandato.