LA VELETA
Perdemos el tren
UN INFORME de Eurostat sobre los 15 países que componían la Unión Europea antes de la ampliación, trata de averiguar cuál de ellos innova más y mejor y sitúa a España en la cola de los quince, junto con Grecia y Portugal y casi al lado de Italia. España suspende en cuatro de las cinco áreas estudiadas. El estudio analiza, desde 1990, la innovación y sus efectos, el contexto macroeconómico, las empresas y hogares y las políticas públicas y gubernamentales en relación con las nuevas tecnologías y la globalización y fija los indicadores que miden el grado de innovación de los quince: el gasto en I+D de las empresas, el número de patentes registradas -y, en concreto, las tecnológicas- las empresas innovadoras en los sectores manufactureros y de servicios y los ingresos que pueden ser atribuidos a productos innovadores. No descubre nada, pero confirma las peores sospechas. Simultáneamente, el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el leonés Carlos Martínez, afirma en una entrevista que durante este primer año ha tenido muchas veces la tentación de tirar la toalla. Para Martínez, «la ciencia nunca ha constituido una prioridad para los diferentes gobiernos» y, salvo una breve época, entre 1983 y 1990 en que se duplicó el porcentaje del PIB destinado a la investigación, nunca ha habido un verdadero impulso a la investigación y a la innovación. El fruto de ese aumento, afirma, fue «un aumento de tres o cuatro veces la contribución de la ciencia española a la ciencia universal». Carlos Martínez, que no está teniendo una gestión fácil en el CSIC, reitera que el gran déficit de nuestra sociedad «es la productividad y la competitividad y la base para corregirlo es el avance científico». Pero fallan muchas cosas, la primera el dinero destinado a la investigación, que sigue siendo insuficiente. El presidente del Gobierno no ha cumplido su compromiso de aumentar un 25 por ciento los presupuestos cada año de la legislatura y ya veremos si cumple el próximo año. Pero, por encima incluso del dinero, está la desestructuración de la investigación en España, donde los científicos (los tenemos excelentes en la mayoría de los sectores) son francotiradores, sin trabajo en red. Y, por encima del dinero y la descoordinación está la falta de conciencia política, empresarial y social de que ese es el problema clave para nuestro futuro. Si no ocupamos la cabeza de Europa en la ciencia, seremos la cola en todo. Pero, mientras eso es así, estamos discutiendo de payasos o de inconscientes, como Carod Rovira y hablando de la financiación de las autonomías en lugar de hablar de la financiación de la ciencia. El futuro está ahí, aunque el debate esté en otro sitio.