Diario de León

A CAMPANA TAÑIDA

Los cuatro subjuntivos

Publicado por
FERNANDO DE ARVIZU
León

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HACE veinte años, los tintes eran más marcados, pero los rasgos generales aún persisten. Cuando se patean calles, plazas o mercados no es raro oír, con ligeras variantes, cuatro frases que emplean el verbo en subjuntivo: que hagan, que den, que pongan o que traigan. Lo importante es que los destinatarios de tales deseos son siempre «los otros», los que no son quien así piensa o habla. Este descarga su responsabilidad en los demás y con eso vale. Si los que tienen que dar, poner, hacer o traer no lo hacen, quien así piensa no necesita de más explicaciones para explicarse lo que no va bien. Aquéllos tienen la culpa, no él, que simplemente tiene que soportar las consecuencias de esas cuatro conductas omisivas por parte de «los otros». El esbozo es indicativo de que existe un lastre histórico que nos ha acostumbrado a los leoneses a ver siempre la salvación en otros y además, caída desde el cielo. Tal actitud discurre entre el fatalismo y el paternalismo y sirve de anestesia de la propia conciencia. Pero a la larga, es de lo más letal que pueda darse, porque esteriliza cualquier posibilidad emprendedora. Con ella, cualquier intento de autosuperación queda desechado como inútil: ¿para qué vamos a hacer nada?, son ellos los que tienen que dar, hacer, poner o traer. De ahí a la complacencia morbosa en lo negativo, en las cosas que no van, no hay más que un paso, que supone una nueva inyección de anestésico barato, justificante de la propia inactividad. León no es una provincia pobre. La capital tampoco. Se tiene y se gasta. Baste ver la cantidad de casas que crecen cada día de la nada. Si se construye, es porque hay dinero para comprar, aunque sea con una larga hipoteca. Ya, pero hace 25 años, los intereses estaban al 14 ó 16 % y hoy están rondando el 3%. Por otra parte, León es la provincia que tiene por habitante más dinero metido en los bancos. Es una provincia rica en dinero, pero ese dinero apenas genera riqueza. Ahí está la clave del problema: falta espíritu empresarial o emprendedor, que es lo mismo. El dinero al calcetín o al banco, bien seguro aunque no produzca. Los demás, que hagan, que den, que pongan o que traigan. Las cosas empiezan a cambiar, pero lentamente. Quizá los siglos de mentalidad agrícola de secano, cuando del cielo dependía la buena o la mala cosecha, puedan explicar por qué en León se ven las cosas así. Pero todos, en la medida de nuestras fuerzas, debemos poner lo necesario para que las cosas cambien. Y cambiarán. La misma existencia de una rama de Económicas en la Universidad es un factor de ese cambio deseable que se notará con el tiempo. Pero el cambio no vendrá rodado, es necesario cambiar la propia actitud existencial ante la vida. La crisis de Antibióticos, como dice el Comité de Empresa, con 400 empleos amenazados por una propiedad empresarial que va únicamente a lo suyo, es un buen catalizador para la reflexión. Y para recordar a algunos que se ocupan de la política y a otros que solo saben reclamar sin arriesgar, que andar siempre diciendo que León es un desastre, que está a la cola en casi todo, es hacer un flaco servicio al viejo reino. La única forma de amarle es trabajar por él. Las otras no valen.

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