Diario de León
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CARLOS CARNICERO
León

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LA DIALÉCTICA frente a quien pretende la representación de las víctimas del terrorismo se realiza siempre desde una disminución personal: la discrepancia puede interpretarse como una ofensa. Cuando Mariano Rajoy encabeza una manifestación de los perjudicados por el terrorismo lo puede hacer como una forma de apoyarles o como la evidencia de la utilización de su existencia. Que las víctimas de ETA pretendan trasladarnos el punto de vista de los muertos es sólo un intento imposible. Oír hablar a Mikel Buesa decir justo lo contrario de lo que su hermano Fernando decía en vida, para justificar sus posiciones políticas personales y pretender que representa a quien murió, no es más que un ejercicio de suplantación de la voluntad de un muerto que ya no puede defenderse de su propio hermano. Las pancartas pedían que el gobierno haga caso a las asociaciones de víctimas del terrorismo para tomar decisiones políticas, sin darse cuenta de que cualquier gobierno sólo tiene que obedecer a sus electores. Las víctimas merecen respeto y consideración, pero su sufrimiento no les proporciona clarividencia; pero eso no es lo más grave que sucedió ayer. Mariano Rajoy y José María Aznar, que todavía no se han percatado que perdieron las elecciones porque los ciudadanos no les apoyaron con suficiente representación, se amparan en las víctimas para que la conmiseración y el respeto que nos merecen a todos les sirva para ejercer un poder que no les corresponde. Es una usurpación del dolor para convertirlo en vector político. Casi había tantos muertos de ETA ayer que como cuando José María Aznar mandó una delegación del gobierno -en la que estaba su experto en técnicas electorales, Pedro Arriola- a dialogar con la cúpula de ETA en donde estaban físicamente algunos de sus mayores asesinos. Aznar mando a Suiza a Arriola para estudiar las ventajas de una paz negociada, porque José María Aznar, que ya es solo un ex presidente de Gobierno que no sabe guardar la dignidad debida al cargo, habló con ETA y ayer denunció lo que considera su propia indignidad, al negarle ese derecho a su sucesor considerando que lo que él también hizo es una traición para con las víctimas. En ética eso se llama doble moral. En política, simplemente oportunismo, y en España es sólo la manifestación más evidente de que hemos estado gobernados por alguien que tiene tan pocos principios como para utilizar el Gal para llegar al poder y bendecir la guerra de Irak, jurando que allí había armas químicas, y contemplar el bombardeo de Falluya con los pies apoyados en la mesa del rancho de George W. Bush.

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