AQUÍ Y AHORA
La vengadora
PARA QUE la mujer de Alicante que prendió fuego al violador de su hija no hubiera llevado a efecto su vengativa acción, tendrían que haberse dado alguna de estas dos circunstancias, o las dos: no haberse encontrado al violador en un bar del pueblo o haberle perdonado. Una sentencia judicial torpe, que no incluyó el destierro temporal entre las accesorias de la pena, propició que la madre se hallara, frente a frente, con el anciano que violó a su hija de trece años hacía apenas siete. Si la Justicia encarna, en parte, el reproche y la venganza social hacia la conducta delincuente, enfriando y despersonalizando dicha venganza mediante la liturgia legal y procesal, así como por el propósito añadido de rehabilitación del reo, parece indiscutible que en este caso la víctima, o su madre, no se sintió suficientemente reparada. Ante una ofensa, una agresión o un ultraje, la víctima dispone de alternativas contadas para eludir el rencor que multiplica y alarga el dolor de la herida: devolverlo, cual nos dicta el instinto; olvidarlo, casi siempre imposible; o perdonar, el más recomendable pero sólo posible si el perdón se solicita en términos de sincero arrepentimiento. La Justicia nos permite devolver la ofensa, la agresión, el ultraje, sin convertirnos también nosotros en delincuentes, pero para ello es menester que esa punición vicaria sea proporcionada al mal inferido. Pues el violador ni se arrepintió, ni solicitó el perdón de su víctima, lo que habría permitido a ésta liberar parte de su daño, ni la Justicia obró con equidad, no cargue la mano la ley ahora contra la vengadora de su hija. Clemencia y comprensión para ella.