Diario de León

DESDE LA CORTE

Ibarretxe y Patxi, complementarios

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FERNANDO ONEGA
León

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VOLVEMOS al País Vasco. Parecía que Ibarretxe había desaparecido, tras su última entrevista con Zapatero. Durante este tiempo, ha sido el ausente que ni habló, ni incordió, ni actuó a la vista del público. Tanto es así, que ya había voces que preguntaban dónde está el Lehendakari. Tampoco parece que se haya esforzado en pensar, a juzgar por el discurso de investidura de ayer: no se le ocurrió nada nuevo, como no sea la mesa de diálogo «sin exclusiones», que es algo que ya le habíamos oído. Ahora bien: aunque sea desde la escasez de mensaje novedoso, ese discurso ha sido eficaz: ha valido para que las señoras del PCTV le prometan dos votos, suficientes para no repetir el famoso 33 que le costó la presidencia a Juan María Atutxa. Y ha servido para percibir un cambio de tono. El Ibarretxe que escuchamos ayer es un político más abierto, que parecía aceptar incluso la existencia de partidos que piensan que la reforma del Estatuto ha de hacerse dentro de la Constitución. Tratándose de un nacionalista vasco, es todo un avance. Habla mucho de diálogo, pero lo hizo siempre. Después de Zapatero, es el político que más habla de diálogo, pero siempre para que se acepten sus argumentos. Y, en cuanto al futuro que tiene en su cabeza, es un alivio que no hable de autodeterminación, pero creo que nos hicimos demasiadas ilusiones respecto al Plan Ibarretxe: no estaba muerto, no, no, que estaba tomando caña. No fue mencionado, pero continúa su espíritu, incluso en la meta de la «libre adhesión». Lo intrigante es que Patxi López haya presentado también su candidatura. ¿Es que pensó de verdad que podía ganar? ¿Es que tenía alguna posibilidad? Razonablemente, no. Por no tener, no tenía siquiera la seguridad del voto del Partido Popular. Entonces, ¿qué quiso hacer? ¿Sólo aprovechar la ocasión para difundir mejor sus ideas? Eso es elemental, pero sospecho que hubo una estrategia de mayor alcance. Tuvo que haber sido la de marcarle a Ibarretxe el territorio de actuación, y decirle qué está dispuesto a aceptar el PSOE en el tiempo que viene: Estatuto nuevo, pero a partir del de Guernika; mesas de diálogo también, pero con «partidos democráticos»; y respaldo al nuevo gobierno, pero con otro estilo. En ese sentido, López e Ibarretxe no han resultado del todo contradictorios, sino complementarios en el ideal que comparten: la busca de la paz. Me sonó tanto a eso, que estoy dispuesto a lanzarme a la piscina con este triunfalismo: hasta ayer, el PNV y ETA buscaban lo mismo con procedimientos distintos. Desde ayer, el PNV y el PSOE intentan el mismo objetivo con palabras diferentes. ¿Será posible tanta ventura? En los discursos, sí. En la realidad, lo de siempre: habrá que verlo.

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