A CAMPANA TAÑIDA
La chula de Pontevedra
COMO EN LA ZARZUELA de este nombre, de Paradas, Jiménez y Luna, Pontevedra se puso chula. Le ha costado al PP y a Fraga la posibilidad de gobernar Galicia cuatro años más, pese a ganar las elecciones, a un escaño de la mayoría absoluta. Pero aquí se impone la aplicación de la doctrina Aznar, cuya formulación más descarnada es: «No me cuente usted historias, déme resultados». Y éstos son los que son, por mucho que a los ganadores de las elecciones les duela. En la misma medida, a los perdedores coaligados -PSOE y BNG- les alegra. Como no hay más cera que la que arde, los analistas de todo pelaje nos explicarán ahora las causas, lo inevitable del resultado. Yo voy a ofrecer algunas claves, porque algo sé de esa provincia y del PP gallego. La democracia tiende a la alternancia entre partidos, tanto más cuantos más años se lleva gobernando. Lo cual es un factor muy a tener en cuenta cuando el mismo candidato y el mismo partido se presentan a un quinto mandato. Ahora, para minimizar el revés, lo correcto es decir que el culpable es Fraga. Pero como en la pedrea, la culpa está bastante repartida. Ya se sabía que Fraga es de los que aplican la máxima: "mientras se vive, se reina", y si en todos estos años no se ha podido preparar su relevo, ni convencerle de que con 82 años no debía presentarse, era necesario paliar el posible efecto negativo atendiendo a otros parámetros. Los votantes de menos de 34 años no han conocido en Galicia otro gobierno que el de Fraga. No era disparatado suponer que quisieran probar otra cosa. Además, el lógico desgaste de ejercer el poder desde hace tanto tiempo presentaba ahora la disyuntiva no de ganar o perder, sino de alcanzar la mayoría absoluta o no gobernar, que es perder a fin de cuentas. En Pontevedra se han perdido dos escaños. Esta provincia ha costado la victoria. Lo del voto emigrante hay que valorarlo en sus justos términos. Hace cuatro años, el PP de Pontevedra sacó al PSOE cuarenta puntos de ventaja en el voto emigrante. En estas elecciones, la ventaja se ha reducido a seis puntos. Si las elecciones dependen de un puñado de votos, de emigrantes o no -y eso ya se sabía- la lista de Pontevedra debía haberse meditado mucho. Un viejo político popular dice que en Madrid creen que las elecciones las gana únicamente el candidato a la presidencia del gobierno, sea central o autonómico. Y eso no es cierto en el Partido Popular, que tiene un porcentaje de voto reflexivo muy superior al PSOE y a otros de izquierda. En voz baja, se decía que en la lista de Pontevedra se había hecho más de una cacicada. Una lista siempre genera insatisfacción entre quienes han sido excluidos de ella o les hubiera gustado de otra manera. Con ello cuentan todos los partidos. Pero si algunos candidatos generan rechazo, la cosa se juega en un puñado de votos, el partido que la presenta lleva 16 años gobernando y el candidato a la presidencia es persona de edad, puede ocurrir lo que ha ocurrido: ganar pero no gobernar. Así de amarga es la política. Dicho lo cual, si de Venezuela pudieron hacer algún favor a José Luis Rodríguez Zapatero, pues lo hicieron. Pero a Cortizo, famoso embajador ante los votantes extranjeros, supongo que la van a condecorar.