EL BALCÓN DEL PUEBLO
Alianza de dioses
LOS DIOSES del fuego y del viento exhibieron su poder durante el fin de semana. Cuando se alían son devastadores, sobre todo si cuentan con la complicidad de las altas temperaturas y de la mano negligente y criminal del hombre. Durante el fin de semana España ha sido como una orgía de fuegos forestales. En la terrible carrera emprendida de desertización, no menos de 8.000 nuevas hectáreas completan el paisaje volcánico de cenizas. El incendio más grave se produjo en el parque natural del Alto Tajo (Guadalajara), donde no sólo ardieron pinos resineros y sabinas centenarias, sino que once personas perdieron la vida y otro está herido muy grave. Una tragedia. El viento cambiante sirvió en bandeja al fuego su oleada destructora. Quedaron atrapados. La riqueza faunística y forestal no son nada comparadas con una sóla vida humana. Al parcer, un grupo de excursionistas ocasionó la tragedia, al intentar prepararse una barbacoa. Salvo incendios muy aislados y puntuales, siempre es la mano del hombre la autora de la desolación. Por negligencia o descuido o porque, como una vez exclamó el entonces responsable de la lucha contra incendios de León: «Hijos de puta. Encima disfrutan como Nerón cuando quemó Roma». El fin de semana pasado es el más tremendo sufrido por España en lo que va de año. A los dioses del fuego y del viento se ha unido el olvido del dios de la lluvia. Además del gravísimo incendio del parque natural del Alto Tajo, también Zamora, Palencia, Málaga, Gerona, Teruel, Puertollano, Picos de Europa o El Bierzo en León, fueron como teas iluminando montes y creando nubes de humo. En todos planea la sospecha de «intencionados», ante la falta de tormentas y relámpagos que abrieran en canal, como lásers, pinares, paleras o matorrales. ¿Es que, por ejemplo, en Zamora se han confabulado todos los dioses para su desertización?. No, no; es la mano del hombre que idolatra al fuego, se odia a sí mismo, y por ende, a todos los demás. ¿Acaso la conversión en ceniza, otra vez, del monte Pajariel en Ponferrada ha sido casual? ¿No son demasiadas casualidades que arda unas cinco veces, tantas como ha sido repoblado en el último cuarto de siglo?. Resulta descorazonador la impunidad de los pirómanos. Hasta tiempo atrás reciente, y continúa casi igual en la actualidad, el «hijo puta neroniano» atizaba el fuego y poco o nada se investigaba. Era tema menor. Ahora bien, si se atracaba a un banco con botín de calderilla, pongamos medio millón de pesetas de antes, 3000 euros ahora, las comandancias de puesto de la Guardia Civil mallaban de controles todas las carreteras. Inaceptable. ¿En cuánto pueden cuantificarse los incendios forestales del fin de semana en España, no sólo a nivel económico, sino también de vida y futuro?. Hay otros incendios que no arden. Nadie habrá visto un incendio, llamas y humo, entre los surcos paralelos de remolacha. Pero ahí están. Son fuegos sociales. Lo avivaron ayer los remolacheros de 21 países -una veintena de asistentes eran leoneses- en Bruselas. Protestaron por el drástico recorte de precios que está en marcha. El campo leonés, sin las sementeras de remolacha, nunca será el mismo.