EL RINCÓN
Litorales
LOS PRIMEROS que alertaron de la construcción de 768.000 viviendas en la costa española fueron los ecologistas. Greenpeace ha denunciado que en el último año se recalificaron 2.200 hectáreas de litoral. Lo que no han podido denunciar, ya que esas cifras no se hacen públicas, es la cantidad de dinero que le soltaron los constructores a los recalificadores para ayudarles a comprender que edificar altos tabiques junto a la orilla embellece mucho el paisaje. La urbanización del primer kilómetro de costa no sólo le preocupa a la brisa, que no puede llegar a la plaza mayor de los pueblos, sino a un gran número de ciudadanos, que se cuecen bajo sus boinas o sus gorras. Para ellos eso está siendo el verdadero «cambio climático». Antes les llegaba por todas las bocacalles un airecillo azul manchado de gaviotas, pero ahora son muchos los muros de la vergüenza que le impiden la entrada, hecho un brazo invisible de mar, doblando todas las esquinas. En el informe de Greenpeace, significativamente llamado Destrucción a toda costa , se denuncia que los desmanes urbanísticos, que se iniciaron en la década de los sesenta, están alcanzando ahora sus últimos objetivos. También se hace constar que las agresiones al litoral se dan «en ayuntamientos de todos los colores políticos». En vista de eso y de las invisibles fortunas edilicias, el Gobierno se propone comprar terrenos cercanos al rompeolas. Las adquisiciones se harán el próximo año, antes de que suba el metro cuadrado y se hagan más negocios redondos. Se dice que tendrán carácter excepcional, no como los que recalifican terrenos, que son todos iguales.