Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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ALGUNOS PSICÓLOGOS han observado sagazmente que en las cárceles españolas hay más personas cariacontecidas que en las ferias. Uno de los que delató en su semblante un alto grado de perturbación, ya que no le concedieron el tercer grado, era el ex secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera, que padece cautiverio en la cárcel provincial de Segovia. Las autoridades penitenciarias se apiadaron de él, mejor dicho, de la depresión que padece y le aplicaron un reglamento más benigno que le permite salir cuatro días a la semana durante seis horas. En mi opinión, siempre discutible, incluso por mí mismo, hicieron bien. Lo malo es que no tuvieron en cuenta que la depresión es más contagiosa que la salmonela que transmiten ciertos pollos precocinados: ahora hay 15 presos en la cárcel de Segovia que aseguran estar deprimidos y aspiran a ser tratados igual que el señor Vera. Hay que alabar el exquisito trato que reciben los reclusos, muy superior en atenciones al cliente, no sólo al que se da en algunos hoteles de pocas estrellas, sino al que se le acaba de ofrecer a un señor que se presentó en el cuartel de la Guardia Civil de Roquetas. Nos imaginamos al director de la trena segoviana preguntando celda por celda, el estado de desánimo de sus huéspedes. Las depresiones buenas, como Dios manda, son las que carecen de motivo. Más o menos eso que llamó el poeta «la pura pena de no saber por qué». Hay que tratar de evitarlas, entre otras cosas no revisando álbumes con fotografías de nuestra niñez y no poniendo la frente en el cristal de las ventanas. Son cosas deprimentes.

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