VENTANA ABIERTA
Diecisiete hombres buenos
LO HABÍA ADVERTIDO hace meses el ministro Bono: la misión del ejército español en Afganistán, para proteger la celebración de elecciones democráticas, no carecía de riesgos. Y el riesgo apareció ayer en una llanura afgana, a unos kilómetros de Herat, la ciudad sede de nuestras tropas, cobrándose la vida de diecisiete militares españoles. El ministro de Defensa decidió desplazarse urgentemente al lugar del siniestro para coordinar la labores de identificación y repatriación de las víctimas. En una España a medio gas, entregada a esa semiapatía del agosto caliente, la noticia conmovió a toda la población, desde las playas a las sierras, desde la ciudades a las zonas rurales, instantáneamente informadas por la emisoras de radio de que un helicóptero español se había estrellado en Afganistán, sin que hubiera supervivientes. Puede decirse que la sociedad española se adelantó ayer al luto oficial que más tarde declaraba el Gobierno. ¿Accidente o ataque del terrorismo talibán? La pregunta aún no tenía respuesta a media tarde, pero el Estado Mayor de la Defensa no descartaba ninguna hipótesis. Al margen del peligro que supone la resistencia afgana a medida que aumenta hacia el noroeste la distancia de Kabul, existe el riesgo del vuelo bajo, casi a ras de tierra, para evitar los misiles que se disparan desde las zonas montañas, donde resulta fácil camuflar un lanzagranadas. Nada más conocer la noticia, el presidente del Gobierno suspendió sus vacaciones en Lanzarote para desplazarse a Madrid, donde despachó por la tarde con el ministro Bono, antes de hacer una declaración institucional. El ministro de Defensa tuvo perfectamente informado a S. M. el Rey, al presidente Rodríguez Zapatero y al líder de la oposición, Mariano Rajoy, quien desde Pontevedra expresó el dolor y la solidaridad de su partido, el PP, a los familiares de las víctimas y reconoció el esfuerzo de nuestras Fuerzas Armadas defendiendo los valores de la libertad y la democracia en distintos lugares del mundo. A Afganistán se trasladan expertos españoles en identificación de restos mortales y personas familiarizadas con los trámites judiciales y administrativos que un siniestro de esta magnitud origina. Con la complejidad añadida de la autoridad judicial que habría de hacerse cargo del asunto, porque si fuera un accidente, por fallo mecánico o humano, la investigación correspondería a las autoridades locales y, sobre todo, al batallón de apoyo a las elecciones afganas, pero si se tratara de una agresión del terrorismo talibán, se abriría una causa en nuestra Audiencia Nacional, a cargo del juez que en su momento estuviera de guardia. Javier Solana, responsable de política exterior de la UE, decía ayer que la zona de Herat es «delicada», siendo difíciles las misiones que se desarrollan en ella. Y añadía el PESC que ahora no es esa zona especialmente inestable, aunque lo fuera durante la guerra. El Estado Mayor de la Defensa informaba ayer de que las fuerzas españolas, que habrían peinado el territorio del que están responsabilizadas, aseguran que la población se muestra amiga, nada hostil. Pero España ha perdido allí diecisiete soldados, y el dolor de la sociedad acompaña al de las diecisiete familias. Había ayer un ánimo social de luto en la claridad de agosto.